Bizcocho de Europa

Mientras el cocinero italiano hacía una pausa después de servir comida a un restaurante abarrotado (terraza y salón incluido), comentábamos la jugada. El martes vino mucha gente, no dábamos abasto. El encargado estaba contento y recibimos un buen dinero en propinas.

Otros días, el trabajo es menor, en la terraza apenas hay gente y dentro, si hace buen tiempo, ni un alma. Entonces se acercan los empleados más longevos y comentan la jugada: esperábamos lleno todos los días; el año pasado no fue así… Es un secreto a voces que la economía neerlandesa se resiente, hoy informan periódicos de este hecho, y proclaman el peligro del ascenso antieuropeista de discurso fascistoide en paises de la UE.

En mi trabajo, excepto dos camareras que vienen los fines de semana, todos somos de procedencia extranjera, aunque varios criados en Neederland desde niños. La cuestión es que entre nosotros no hay disputas de supremacía, entre los trabajadores hay africanos y caribeños, europeos viejos y recientes, jóvenes y mayores. Convivimos de la mejor manera posible, entendiéndonos y compartiendo visiones de dónde venimos y cuáles son nuestros sueños. No peleamos, no debatimos sobre quién paga más o menos, sobre quién recibe mayor salario; no buscamos culpables si nos olvidamos una bebida o si se rompe un vaso.

Demostramos que la única manera de seguir adelante es estando unidos, limando asperezas, sin crear disputas, asimilando nuestros errores y buscando la mejor manera de solucionar los conflictos. Con los pies en la tierra, en la tierra sin nombres de paises.

Debajo de la tierra que pisamos, los adoquines de Amsterdam, curiosamente, hay arena de playa, y si sigues excavando: ¡agua!, quién lo hubiera dicho. Aquí es donde he visto por primera vez máquinas de drenaje mientras realizan obras, destinadas a absorber el agua que emerge de cualquier agujero más profundo de lo normal. La arena es gruesa, amarilla, no parece que haya estado sepultada quizás cien o más años, y es divertido ver cómo se embarra todo cuando, extrañamente, llueve. Quizás por esa facilidad de llegar a la arena, y puede que también por el constante frío, no hay piscinas; y eso que a veces apetece darse un baño, cuando la temperatura es ligeramente mayor de lo normal.

Este mundo está construido sin equilibrio, allí donde hace calor, no hay agua en la que bañarse o es cara, y donde hace frío, sobra agua. Además el agua de Amsterdam no está limpia. Los canales, los estanques de los parques… dan la impresión de no ser los mejores lugares en los que nadar. Espero que tengan buenos sistemas de potabilización, porque la principal fuente para vencer la deshidratación es el agua del grifo; esa es otra particularidad de Amsterdam, está llena de agua pero el ambiente es seco, los labios se cortan, la piel se endurece y tienes sed constantemente.

Por eso en Amsterdam es fácil experimentar, irónicamente, las desventajas de un desierto: tienes sed y te desorientas. Entre los laberínticos canales y las casas tan similares, es fácil nublar el sentido de la orientación, y cuando crees pedalear hacia el Norte, un punto de referencia conocido, que suele ser un campanario, te indica que vas completamente al revés. Supongo que será por la estúpida manía que tiene el sol aquí de no salir, o la falta de un castillo de Santa Bárbara, o cuestas desde donde ver el mar y poder situar al menos el Este, para buscar con nostalgia Nueva Tabarca.

Bizcocho de fresa y frambuesa

Tenemos pendiente una labor: buscar el nombre de ese dulce, que ni Chloe recuerda…

La esencia del mismo es simple. Es un bizcocho relleno de frambuesa con azúcar glas de fresa por encima, de ese que se queda duro. Con lo cual tenemos los contrastes duro, por el azúcar, blando del bizcocho, y espeso por la mermelada de frambuesa. Yo no soy mucho de dulces de fresa, pero de un paquete de seis me comí cuatro; aquella bomba calórica estaba buena. Eso pasó el viernes por la noche, después del PADI. Al día siguiente adquirí la bicicleta, en un día sombrío, con riesgo de grandes precipitaciones, que al final se dejaron ver en la tarde.

bicicleta amsterdamEsta es la máquina que me acompañará a partir de ahora. Tiene marchas, frenos de taco y el sillín vendado porque si no me mancha el culo.

Gracias a ella podré contrarrestar los efectos de los bizcochos de frambuesa y demás alimentos mantequillosos de esta región europea. No solo contaré con su ayuda… el sábado por la mañana, aprovechando el camino que recorrimos para ir a por la borrica, paramos para visitar un rocódromo. Aquí son verdaderos templos de la escalada. Altísimos, y bien estudiados, de precios rabiosos para todos los bolsillos del Norte, y ninguno del sur. El primero que visitamos fue el de Sloterdijk. El nombre, dulce y amable, es producto del pueblo donde está situado, aunque este está anexionado a Amsterdam, siendo casi un barrio más, situado a tres kilómetros dirección noroeste del centro. Es famoso porque tiene una estación de tren y cerca de ella, las oficinas del estado, donde todo hijo de vecino extranjero tiene que sacarse el sofinummer; no es tan famoso, pero es curioso saber que el primer tren que cruzó parte de Neederland lo hizo desde este pequeño pueblo, hasta Haarlem, el 20 de Septiembre de 1839.

Actualmente, por lo que he oído, Haarlem es famoso porque tiene pisos baratos y está lleno de españoles.

Sloterdijk, la mejor manera de llegar es a través de Westerpark, es un camino verde, boscoso, que te conduce desde su entrada a su salida al pueblo, aunque ya no recibe esa apariencia. Ha sido asolado por grandes y altos edificios, una pequeña isla de mastodontes dedicada a oficinas y demás.

El rocódromo se encuentra pasado el pueblo, también es alto, pero no tanto, y tal como me dijeron, desde lejos puedes ver las grandes paredes que te permiten escalar al aire libre. Ya me sudaban las manos… ¡tanto tiempo sin engancharme a un muro! El templo es espectacular, desplomes, placas, cantos, regletas y todo lo que se te pueda ocurrir en un espacio de muchos metros cuadrados repletos de presas.

Es curioso que muchas de las vías ya están montadas, con la cuerda arriba (top rope), y es que si eres dutch y quieres escalar de primero, es decir, poniendo tú la cuerda, tienes que tener una licencia o algo parecido. En este país todo son licencias y certificados, por los cuales has de pagar, claro.

La visita al rocódromo la dejamos para el domingo, pero a uno diferente: mountain network, parecido, no tan alejado del centro, también alto. Nos dimos de alta, pero no pudimos inscribirnos a su oferta porque todavía no tenemos cuenta bancaria en Neederland, aún así no podía aguantar más sin escalar y pagamos por un día, que mereció la pena.

Lo peor fue el trato despótico del empleado, que intuyó todas nuestras tretas para que nos bajara el precio de la entrada o al menos del alquiler de los materiales. Conseguimos su desprecio y el grigri gratis, 4 euros nos ahorramos para un filete de salmón que ayer degustamos felices, sin recordar a aquel hombrecillo amarillo.

Lo mejor: escalar, y descubrir cómo se adecuan estas instalaciones a la ciudad. En Alicante lo más frecuente es encontrar rocódromos bajos, de boulder, que te permiten entrenar sin utilizar cuerda, cuando no tienes tiempo para salir a la roca; aquí se entrenan para la roca, siendo un día especial el viaje a la montaña, con lo cual deben estar preparados. Para ello, mountain network se inserta en un edificio, con el que comparte viviendas. No se cómo plantearon su construcción, pero debió ser una obra digna de ver, ya que atraviesa varias plantas para ganar altura.

Hay que decir que los holandeses se van a poner muy fuertes, y las holandesas. En el rocódromo la mayor parte de clientes eran mujeres, y la competición que acababa de tener lugar era la de mejor escaladora holandesa, y la vimos, sin saberlo, escalando por los desplomes más duros del edificio.

La única novedad del lunes fue la compra e ingestión del salmón noruego, u holandés, no se de dónde venía. El sabor es similar al que se pueda encontrar en cualquier mercado también mediterráneo, y no garantiza la compra aquí que vaya a ser más fresco. A esto hemos llegado. Aunque no tengo ni idea de precios de salmón por el sur, aquí lo adquirimos por 17 euros el kilo, no puedo comparar, pero me pareció caro. Creo que tengo el estigma de que todo es caro en Amsterdam, y todo me parecerá caro, aunque sea gratis, porque amigos… la vida en Amsterdam… es cara.

 

Canales (II)

Uno de los canales que destaca por su anchura es el Amstel, como la cerveza. A sus orillas nació su fábrica, ya que el agua del río era básica para su producción, porque Amstel es un río, no un simple canal. La ciudad, con calles estrechas, se abre a su paso, creando espacios diáfanos donde parece que haya acabado el centro urbano para dar comienzo a algún que otro edificio perdido por el extraradio. Solo una apariencia, la ciudad continúa pero en verdad se divide con dos núcleos marcados: Amstel, y más allá de él.

La presencia del río es equívoca, nace de la nada, se inserta en la ciudad sin previo aviso; sus aguas son distribuidas mediante tuberías por debajo de las calles, especialmente de la calle Rokin, principal arteria de Amsterdam donde podemos encontrar el Adecco u otras empresas de trabajo temporal, que siempre tendrán para tí una sonrisa y una negativa ante la desventaja de no ser dutch.

Amstel, la cerveza nacida de sus orillas, es una de las más famosas cervezas holandesas, pero como manda la ley del mercado, fue engullida por la más potente: Heineken, que era dueña también de Águila, a la cual le anexionaron el nombre del río, discretamente, para eliminar el águila cuando estuviera Amstel inscrito en el abecedario colectivo. Todavía tengo en la cabeza la cancioncilla que utilizaron para promocionarla.

El poder de los dutchs para con lo suyo es conmovedor. No hay Carrefour, solo hay dos Decathlones en todo Neederland y tampoco podemos encontrar ¡Mercadona!, el hacendado Roig vendría muy bien en algunos casos. Así como en el aspecto social son abiertos y considerados, cuidan con esmero lo relativo a su economía, a lo importante de su economía. No van a protestar porque un español trabaje en un restaurante en Amsterdam, pero dudo que permitan la compra de Heineken por… por… no se, por alguna empresa española de algo.

Ayer llovió fuerte, muy fuerte, durante unos cinco minutos, en los que hubo un desconcierto importante por tener que dar cobijo a 20 personas a la vez en el restaurante. Una de esas mesas eran 10 mujeres alemanas que comprobaron cómo a pesar de pertenecer a Heineken, Amstel sigue innovando para ofrecer nuevos productos: cerveza con limón. Era una novedad en el Rain, justo aquella tarde me informaron de que existía en las neveras, y ocho de cada diez mujeres la consumen según las estadísticas del sábado. La cerveza con limón a mi me da náuseas, reales, y como zarandeado por la corriente del río o impulsado desde una de sus tuberías, me sobresaltó también el precio que el encargado había decidido: for iuro. Four euros?! (siempre pronuncio todas las letras) para después apuntarlas en el ordenador con un valevale triste por el abuso. Creo que se sintieron temblores en la calle Rokin fruto de la ira del río. A mi me convenía que las mujeres se marcharan contentas, sin pensar que les habían estafado, para que así dejaran mejores propinas, y pudiera entonces pagarme más alegre la bicicleta que adquirí el sábado por la mañana.

Por 75 euros, con un lock que supuestamente valía 25 euros, pero me lo dejó por 10. Yo estaba muy satisfecho de mi compra, había negociado el precio con resultado favorable, pero al acabar la noche una compañera, polaca que ha vivido en España, tiró por los suelos mi excelente transacción. Me confesó que por las noches, los yonquis van dando vueltas por ahí, parando a la gente, o entran a los bares preguntando si alguien necesita una bici. Son robadas, por supuesto, pero por 10 euros puedes incentivar el robo de vehículos y el mercado negro de las dos ruedas, aportando además nuevas frescas drogas al tratadista. De una compra así se trasluce “to lo malo”, pero por 20 euros puedes tener una muy buena bicicleta; si me la roban no se si volvería a pagar 85…

La cuestión es que ahora tenía una bicicleta para viajar a donde quisiera, y Chloe y yo podíamos ir juntos sin necesidad de llevarla sentada en la parte de atrás (lo cual me estaba poniendo muy fuerte para batir a Raul en las subidas brutales de Alicante y provincia), esas ganas de viajar a donde quisiera nos llevaron el viernes a cenar a un restaurante indonesio. Estaba decorado con madera estilo bambú en las paredes, donde colgaban fotografías de playas y otros paisajes de Indonesia, las mesas estaban sustentadas por troncos partidos, y la barra, situada al fondo del local, imitaba el estilo de las de los bares de playa, cubierta incluso con un techo de paja o palmera. Chloe me dijo que imitaba bastante bien los puestos playeros de Malasia.

En Amsterdam es frecuente encontrar restaurantes indonesios, mucho más que chinos o japoneses; la gastronomía es similar a la de aquella zona de Asia, especiada y generalmente picante. En aquel restaurante ofrecían zumos de fruta tropical para acompañar la comida, escogimos uno rosa, un batido particular, me podría haber bebido unos cinco litros, era dulce.

Para comer compartimos una especie de bolas cubiertas de masa similar a la del rollito de primavera, parecido al chino wan tun frito, y una verdura, bueno, el fruto de un árbol, frito como una patata, era pangsit goreng kupruk emping.

De plato principal ella pidió bami goreng satch, una mezcla de carnes acompañada de noodles, una de ellas era ternera, y la otra pollo como brochetas, con una salsa de cacahuete que, creo, se llama sate, y está increible. La ternera picaba ligeramente, la misma que tenía yo, pero acompañada con arroz y algo que parecía col, pero anaranjada, el plato era rentang, y el picor era progresivo, al principio inoperante, suerte que podía aliviarlo con el batido, ¡que placer cada sorbo!

El restaurante se llama PADI, y está situado en Haarlemmerdijk, número 50. Una calle repleta de bares, restaurantes y tiendas de comida para llevar, algún que otro coffee shop, tiendas de bicis y una pequeña galería de arte. No dejan de pasar bicicletas, y para cruzarla tienes que tener mil ojos. Es una calle animada, viva, con terracitas que no sobresalen demasiado, pero delatan la vitalidad de la zona.

Para ser Amsterdam, el PADI es barato y bueno, un billete hacia Asia a través del paladar a un precio asequible. Allí Chloe y yo soñamos con viajar lejos, lejos de esta lluvia, a algún lugar donde podamos beber zumos de frutas, y tuve la sensación intensa de querer conocer más de todo lo que se esparció por la pangea, y se ha desarrollado bajo un mismo patrón pero con diferentes engranajes, que han aportado al mundo mil culturas y mil sabores.

La cocina es un aliado del viajero. Ayer me sorprendieron unos pastelillos de fresa, con frambuesa dentro, típicos de Neederland. Mañana os diré su nombre, ahora Chloe duerme y es la que lleva el apartado “dulces”.

Canales

Hoy el canal que discurre frente a mi casa parece que iba más cargado de lo normal. Ayer por la tarde llovió, y esta mañana no ha parado de hacerlo, además el viento lo impulsa.

Recorrer Amsterdam es circular al lado de canales, a veces sin percibirlo.

Singel, sin ir más lejos, es un canal; el que tengo que subir y bajar para ir al trabajo. De día, el canal lo atraviesan barcos y en la orilla, en las aceras, bicicletas, motos y pocos, muy pocos coches. Las casas son bajas, no tendrán más de tres plantas, con la parte superior triangular, de formas alegres y profusamente decoradas. Los tejados son a dos aguas, de ángulo bastante cerrado, supongo que para evacuar el agua y la nieve con más celeridad; algunas de las casas tienen la puerta principal algo elevada, a dos metros del suelo más o menos, facilitando el acceso mediante unas escaleras. En los pisos no elevados hay escaparates pero pocos negocios. De memoria podría citar un pequeño restaurante italiano que hace esquina, con grandes ventanales, donde cuando paso a primera hora de la tarde los trabajadores esperan sentados en la pequeña terraza; una galería de arte urbano que inspira poca vida, y al principio de la calle un coffeeshop. También ahora que recuerdo, unas oficinas de algo que parece una empresa de creación de videojuegos.

El otro lado de la calle, cruzando el canal, lo atravieso siempre de noche, cuando acaba la jornada. Para llegar a singel tengo que cruzar la plaza, infiltrarme por una pequeña calle que desemboca en la carretera paralela a otro canal cuyo nombre no conozco, y de allí, llego hasta una zona peatonal donde siempre me cruzo con gente que, alegre, va hacia donde yo vengo. Una vez atravieso la parte peatonal, que por el día es un ir y venir de gente comprando, llego hasta el nuevo inicio de singel, que tiene comienzo en un restaurante, estilo años 40, parecido a un café de alguna ciudad lejana, pero asediada de occidentales, en Marruecos, por ejemplo.

La luz al lado del canal es anaranjada, tibia. No muy iluminado, el agua apenas se intuye, y en el camino de subida destaca, en un puente, que los vértices de sus arcos han sido cubiertos de bombillas de luz blanca. El puente tiene tres arcos, donde los inferiores son los laterales, y el central los supera tanto en altura como en anchura. Es bajo y de pilares robustos, la decoración simpática. Son esos pequeños detalles que supongo, hacen que una ciudad tenga elegancia, y pese a ser un recurso manido, denota cierto interés por embellecer la noche.

La otra luz de mi regreso es el rojo, casi al final del trayecto, roza esa zona con los lindes del red light district. Posadas en las ventanas las prostitutas no me ven pasar, así que no tienen tiempo de preparar ademanes y gestos seductores, permitiéndome verlas en poses no forzadas, con sus cuerpos robustos, generalmente sudamericanas, entre las que no me extrañaría si hubiera algún hombre; esperan mirándose las uñas, bostezando, de brazos cruzados, sentadas o apoyadas en el quicio de la ventana.

A esas horas la gente es poca, pero siempre se ven grupos de gente y ciclistas distraidos y cansados.

El miércoles trabajé poco, desde las seis. Cerramos y engullí un burrito vegetal, que aunque su destino era un cliente, en cocina no habían reparado en el NO CHEESE, y tirarlo era una pena. 

Mi compañero tenía que esperar al autobús nocturno, que creo que me dijeron que costaba cerca de 5 euros, así que nos quedamos charlando entre el bullicio nocturno de Rembrandtplein. Me sorprendió su procedencia. Aquí puedes encontrar gente de todos los paises, pero además, gente nacida en otros paises cuyos abuelos nacieron en Neederlands a pesar de que los padres de estos no lo fueran. Son las causas de haber mantenido cierto vínculo cultural con las colonias. 

Ese era el caso de mi compañero. Engaña porque es albino, pero toda su familia paterna es del Caribe y la procedencia de su madre es también lejana aunque no la recuerdo bien. Él nació en España, y tras unos meses después fue traido aquí, al cuidado de su abuela, que le arreaba pero bien… Es un tipo sincero, agradable, sin tonterías, y su nombre le delata. Se llama Ferro, conscientes sus padres de que quería decir hierro, él, hace honor a su nombre y a su familia.

La novedad del miércoles fueron tres clientes, que a última hora de la noche decidieron pedirse vodka, ron y algo ligero. Eran árabes, pero me era imposible saber de dónde. Cuando les dejé las bebidas encima de la mesa, decidieron que querían algo. Yo no les entendía bien, me pedían y repitieron la palabra, hasta recurrir a la mímica. Fue cuando uno de ellos se acercó el vaso a la boca y movió los labios. Me puse un poco nervioso pensando que se referían a que había escupido en su mezclum. No eran muy buenos actores, hubieran perdido siempre esa prueba en el party & co. Me pedían una pajita! Llegue a esa conclusión cuando el más avispado pronunció las palabras mágicas: to drink. Entonces obacioné: oooh! y después imité el sonido de la pajita frrr frrr, lo cual les hizo mucha gracia, ellos lo repitieron entonces, y me preguntaron de dónde era. La misma reacción de siempre. Amigo! Amigo! compulsivo de todos los integrantes de la mesa, mientras levantan las cabezas y entusiasmados me demuestran su dominio verbal. Es una situación siempre simpática, que yo agradezco en extremo, la gente se alegra de verdad mostrándose como polluelos ante la llegada de la madre lista para regurgitar el alimento.

Eran de Arabia Saudí, de cuyo país lo único que conozco es que tiene un desierto de enormes dimensiones, pero repetir la palabra desierto en inglés no hubiera sido lógico ni cuerdo. También se decir en árabe amor mio y perro grande, pero tampoco venía muy a cuento.

 

Ferro me había explicado que aquí hay gente de todo el mundo, que puedes conocer de todo, y él era una muestra de ello.

Para probar de nuevo algo típico del país, hemos decidido celebrar el viernes yendo a un restaurante típico de Neederland, un indonés. Y es que Indonesia fue colonia holandesa durante mucho tiempo; si recordais en el blog de Rijksmuseum ya se explica brevemente el cambio de nombres de la capital: Yakarta.

Actualmente, Indonesia está formada por un conjunto de islas, entre la que destaca Borneo, la cual comparte con Malasia y Brunei, de donde viene el famoso sultán. Ya se la pueden bien repartir, pues se trata de la tercera isla más grande del mundo. Los indonesios son, en su amplísima mayoría, musulmanes, y tienen una cocina muy particular, de la cual no se descarta el cerdo, como así refleja nuestra carta, traducida al español como carne de puerco. 

Todo esto y mucho más… el domingo a mediodía.

 

Martes, 18 de Junio

Hoy miercoles me he levantado empapado en sudor. El martes salí del trabajo a las dos de la mañana pero quería levantarme a las ocho para desayunar con Chloe, porque sino no podría compartir tiempo con ella hasta el viernes por la tarde, que tenía mi día libre; así que se me ocurrió la brillante idea de comer, y seguir durmiendo un rato. Mi apetito voraz de la mañana habiendo pasado la noche sin cenar (aunque al llegar a casa encima del mueble había dos brownies que sufrieron un ataque frontal), hizo que no me contuviera y devorara, consiguiendo tener terribles pesadillas y sudores en la hora de reposo después del desayuno.

Los desayunos holandeses por naturaleza se componen de zumo de naranja, dos tostadas, un huevo duro y café con leche. Como todo lo importante en la vida, en su esencia, no difiere demasiado de otros. Lo que varía es el jamón, más ahumado, sin llegar a perder tono rojizo y sin un sabor tan intenso como el serrano; el queso, más cremoso y suave al gusto, similar al gouda; además, como fiambres tienen una especie de salami, de sabor particular, fuerte pero rico.

En realidad el huevo lo toman pasado por agua. El primer día me llenó de emoción tomarlo así, algo que para mi era ajeno y lejano, pero el segundo, el huevo medio crudo me dió un poco de repelús, por lo que decidimos darle duro. 

Lo verdaderamente peculiar en los desayunos holandeses es lo dulce. Aquí tienen la costumbre de poner todo sobre una tostada con mantequilla. Como veis: mantequilla, huevo, leche, queso… en un desayuno diario, no entiendo por qué los dutchs no son los principales consumidores de Danacol, y por qué no está Vicente del Bosque repartiéndolos como muestra de solidaridad con los cuerpos.

Entre los toppings de las tostadas encontramos: virutas de chocolate, virutas blancas y rosas (fresa y nata, deduzco) y como el más típico y dutch y extraño: los gestampte muisjes. En realidad parece ser que muisjes son las tostadas con las virutas, y que incluso hay de color naranja (cómo no) para celebrar nacimientos reales. Tradicionalmente se tomaban en las celebraciones de los cumpleaños de bebés, y se llaman así porque la palabra quiere decir ratoncito, y es que al espolvorear el ingrediente adquieren un color, que en origen, era blanco por estar hecho de anís, no de nata, y así adquirían apariencia de ratón.

Los gestampte muisjes es, según traducción del google: puré de ratones, o ratones triturados… Estos nederlands son unos escabrosos… Y no es porque sobre la tostada espolvoreen un alimento color rojo sangre, blanco y lleno de pelo, sino que el muisje original blanco hecho de anís, lo machacan para convertirlo en polvo y facilitar su ingestión. Tengo que decir en mi contra que todavía no lo he probado. Huyo de la mantequilla.

En su pasión por machacar y concentrar producen también un alimento llamado rinse appelstroop, aunque en origen es belga, y se conoce también con el nombre de “sirope de Lieja”. Es una reducción de fruta, en nuestro caso manzana, que forma una pasta negra de sabor bastante fuerte, con alto contenido en azucar pero un punto amargo.

El capítulo desayuno continuará en otra sesión.

El lunes por la noche, en ese deseo imperioso de probar cosas nuevas, decidimos comprar unas ensaladas típicas neerlandesas. Por 32 céntimos puedes adquirir unos pequeños botes de ellas que van acompañados con su respectiva cucharita para comerlos por la calle. En apariencia resulta un poco asqueroso, y en ingredientes también. No pudimos leerlos porque estaban en dutch, pero conscientes de la inmigración que sufren los Paises Bajos, adaptan a la población mundial los mismos con imágenes de su contenido: patata, zanahoria y una vaca… era emocionante, y la mahonesa rosada, con trocitos de pepinillos en vinagre partidos. La presentación al menos estaba trabajada.

Tenía mucha hambre, así que voló. Si viajais a Neederland, compradla, pero en un puesto de comida preparada o en un restaurante, porque industrial sabe igual que el bote de ensaladilla rusa de Mercadona; y la de Chloe, que llevaba patata, zanahoria y algún que otro vegetal más, sabía igual que la mía. Círculo cerrado.

En Amsterdam es fácil encontrar tiendas que se dedican a la venta de pescado, donde mezclan el crudo con el preparado. Pudiendo encontrar pescado rebozado o arenque listo para comer. Allí compramos una caballa ahumada, gerookte makreel. Como no tenía ni idea de su preparación, le pregunté a la mujer. Me dijo que tenía que quitarle la skin y los bones, me alegró que se pensara que podía ser tan animal como para comerme las espinas del pez.

El proceso de quitar la piel al pez, con el fuerte olor que desprendía, ya le quitó un poco las ganas a Chloe de comerlo. Y ver que aquella bestia estaba medio cruda, y casi podía volver en vida si lo metiamos en agua, me hizo pensar que no había sido buena idea gastar 2’25 euros en un alimento que tenía todas todas de ir a la basura. Pero 2’25 eran casi 15 minutos de aguantar clientes y copas! así que lo probé. El bicho no estaba mal, la verdad. Sabía a lo que tenía que saber, ni mejor ni peor. Pero no comprendía la idiosincrasia ni el origen de ahumar el pescado tan poco… Adrián me comentó que en Suecia les recomiendan meterlo en el horno. Ahí estaba la clave.

Aún así, Chloe inventó una manera de comerlo que no estaba nada mal. Sobre unas tostadas con queso de cabra cremoso, un poco de tomate y cebolla cruda. Así si.

Yo ricé el rizo, y me hice un sanwich de ensaladilla embotada tuerce estómagos añadiéndole el pez muerto, quería meterme en la piel de un audaz pescador holandés. Esta vez la suerte no sonrió a los audaces.

 

El martes hizo un calor insoportable, sin sol. Las nubes tapaban todo acceso de viento, y Amsterdam parecía un invernadero. Agradecí este calor, podía ir en manga corta en verano, como manda toda lógica, pero trabajar así es insufrible. Todo está siendo ya normal en el Rain, con un contrato en mano y varios días de trabajo ya me adapto al ambiente, y es un ambiente fácil, practicas inglés y conoces a egipcios, alemanes, polacas…

Entre los fuegos estaba hoy el compañero dominicano, de 22 años, que lleva desde los 13 años en Neederland. Cuando empezó a atardecer la música que sonaba, y bastante alta, era ese chill out que lo único que consigue es ponerte tenso y triste en los momentos de trabajo. La camarera polaca, que es licenciada en filología italiana, tiene claro que no quiere ser camarera toda su vida, que quiere hacer algo más, y aunque consciente de la dificultad, mantiene la esperanza. A mi, cuando se me pierde por montañas lejanas y mi razón va a buscarla, la herida del miedo al futuro empieza a supurar. Se que podría rendirme, tengo fácil el regreso a Alicante; podría vivir bajo el manto paterno, arropado por el calor maternal y el hijo haz algo, es el primer sendero que recorre mi razón para no hundirme. [Quería aprovechar que estoy en antena para saludar a mi familia y expresar mi agradecimiento]

Cuando pienso en eso, y ya me siento más alejado del vértigo de la cima, vienen a mi mente todos aquellos que rondan por Amsterdam, y por todas las ciudades del planeta, que no tienen un regreso tan seguro. Entonces el miedo es otro. Es un ansia extraña. ¿Qué pasará en el gran teatro del mundo? Las cosas no están yendo bien… nada bien…

En ese momento, Jeffrey, el dominicano, cambió la música! Estaba alta pero daba igual! En un momento nos trasladamos al Caribe con ritmos latinos. La música es poderosa. Nos mirábamos ya alegres haciendo gestos danzarines y riéndonos tontamente, hartos de pasear las bandejas, con ganas de acabar, pero disfrutando en el trato con los clientes.

Nunca había trabajado directamente con el chico alemán. Tiene 21 años pero es un trabajador nato. De los que saben y les gusta trabajar, no protesta, siempre sonríe y es comprensivo si te equivocas, te ayuda y cuando acabamos de trabajar siempre ofrece bebidas. Lleva tres años trabajando allí, y como él dice, conoce todos los in & outs. Cuando acabamos la jornada nos preparó un Rembrandts’ Ruhm, cocktail cuyo principal ingrediente es el ron y el zumo de piña. El chaval conoce algunas palabras en español, y tiene ganas de aprenderlo, porque estudia International management, entonces cuantos más idiomas sepas, pues mejor (¡en este país todo el mundo habla tres idiomas!), también me dijo que estaba interesado en el portugués, por Brasil, que ahora está en alza añadió. Fue cuando me intrigó, y le pregunté sobre sus estudios. Después apostilló: estudiar International management está muy bien, podré irme de aquí cuando llegue el colapso de Europa…

Entonces cogí la bicicleta, dejé a la Razón buscando por montañas, sierras y valles a la huidiza Esperanza y de camino a casa lloré, lloré llenando los canales de Amsterdam hasta desbordarlos en los mares del Norte… que va, ni de coña, es broma.

Nos partimos de risa y seguimos disfrutando del sabrosón cocktail

Los lunes: Van Gogh

Con mi contrato en la mano firmado y feliz, me he dirigido al sur de la ciudad, de nuevo Frederiksplein, al consulado. El jefe me había explicado por encima de qué iba la cosa pero aún así me he acercado. Como novedad: gente en la sala de espera, todos jóvenes.

Yo a estos sitios siempre entro fuerte, con garra. Hola buenos días a ver de dónde sois qué tal va la cosa por aquí contadme. Hay que hacer amigos cueste lo que cueste. Una chica rubia sentada estaba receptiva, al chico no le he dirigido la mirada porque nos daba la espalda. Y la tercera en discordia cruzaba el linde de la puerta repetidamente mostrando su indignación con aspavientos, era de Sevilla, su primer día en Amsterdam, y la que la observaba era su amiga alemana. A los cinco minutos ha subido un catalán que abandonaba la ciudad porque había acabado su erasmus, y en ese preludio vaciaron todos la habitación, dejándonos solos, para yo proceder al famoso holabuenosdíasaverdedóndesoisquétalvalacosaporaquícontadme (pero en singular).

Al pobre catalán le habían partido la nariz hacía un mes más o menos, y quería saber hasta qué punto estaba obligado a ir al juicio para cobrar la suculenta indemnización. Por mi parte… no ha sido de gran ayuda, pero la embajaora es una mujer amable y comprensiva, la madre de los españoles en dutchlandia; de hecho se llama Esperanza, y es bastante famosa entre los inmigrantes, que hacen siempre el inevitable juego de palabras: la esperanza de los españoles en Amsterdam. 

La entrada triunfal en la sala de espera ha sido en realidad un poco tímida. Me he sentado, y antes de lanzar la ronda de preguntas he ojeado algunas revistas que había sobre una mesa, todas sobre pesca… En ese momento, viendo tantos barcos y tanta normativa, he sentido que una gran parte de mi generación va a la deriva; me ha abrazado el vértigo de la lejanía. Desde alta mar la costa se aleja sin remedio, y en el buque zarpan junto a mí miles y miles de jóvenes que solo pueden ser conscientes del mañana inmediato. Al salir del consulado estaba el chico de la sala de espera junto a otros dos. Hablaban desenfadadamente, y he repetido mi entrada triunfal. València, Barcelona y Asturias. De todos los puntos llegamos. Y creo, por lo que se comenta, que somos muchos, cada día más.

Rezagadamente he desencadenado la bici, para ver si salía algún hispanohablante con el que compartir un rato de charla; ha sido catalanoparlant y chica, erasmus que había perdido el DNI. Hemos subido hasta la plaza Damm, estando yo seguro de que el Van Gogh estaba por allí. Está en la otra punta. Pero la bici es veloz.

Van Gogh es un tesoro cultural de este plano país, y aquí le sacan un jugo magistral a todos sus frutos. El museo, además de explicar el estilo de este pintor, ofrece el resultado de la investigación realizada en el año 2005 sobre el trabajo de Vincent Van Gogh, con lo cual estaba libre de proclamas patrióticas y armamento militar; ni siquiera guardaban como elemento morboso la pistola con la que se firmó el pecho, para morir dos días después.

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Es el clásico artista incomprendido que dedica su vida (10 años de su vida) a la pintura de manera febril. Comenzó ayudando a su hermano Theo a vender obras de arte, después decidió hacerse pastor de almas, misionero en las minas de Borinage, en contacto directo con los trabajadores. Tras esta experiencia, a los 27 años, nació el pintor.

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Fue gracias a su hermano Theo, y tras su muerte, a la viuda del mismo, que juntos conservaron tanto las cartas como las obras de Van Gogh, y lucharon por poner a su hermano a la altura de los grandes pintores que en vida sí habían vendido algún que otro cuadro. Parece que los dutchs, tanto monarcas como gente de baja casta, cuando se plantean algo lo consiguen, reportándoles a su vez pingües beneficios.

El museo Van Gogh está situado en Paulus Potterstraat, número 7, y he visto allí una de las cosas más curiosas y contradictorias de la postmodernidad cibernética.

Los museos de Amsterdam están preparados para soportar una gran cantidad de visistantes, para ello, se pueden evitar largas colas comprando las entradas vía internet, son los e-tickets, pero… por ironías del destino, tanta gente había adquirido sus e-tickets, y así ahorrarse la cola de la compra, que se había formado una larga cola de gente que tenía este tipo de acceso, y los poseedores de e-tickets, junto a los de museumkaart, entre los cuales me incluía, nos limitabamos a mirar con cara de Van Goghs en la primera imagen, a los visitantes que sin entrada previa podían subir antes los cuatro pisos del edificio y admirar el gran trabajo curatorial de una exposición dedicada a enseñar cómo cuándo y por qué pintaba así Van Gogh.

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Esta imagen es un detalle de la obra Prisioners exercising (after Doré) pero también podría llamarse: visitantes con e-ticket o museumkaart en la cola del museo.

Sábado y domingo

Dos por el precio de uno.

El sábado por la mañana decidí involucrarme más con el proyecto “adaptación”, así que probé un nuevo alimento muy utilizado en los desayunos neerlandeses. Al verlo la emoción me embriagó, la imagen delataba su similitud con la ensaladilla rusa! además el bote era pura mahonesa (algo amarillenta). Al probarlo caí en la cuenta de mi craso error, y abandoné el proyecto triste y solo.

Los ducheses tienen la costumbre de embalarlo todo, meterlo todo en plástico. Dos cebollas, por ejemplo. Pero la versión 2.0 de este rasgo cultural es embotarlo. Ensalada embotada: mahonesa amarillenta con mil variantes. El resultado no se hizo esperar, mañanita de baño…

El pequeño percance no evitó que salieramos al mercadillo otra vez. Me muero de ganas por probar un pescado parecido a la lubina pero con tono amarillento, supongo que por el salazón, el problema es que Chloe es un poco reticente al pescado, y yo no me decido. Viendo los puestos de fruta recordamos juntos Alicante y deseamos viajar hasta allí para comprar millones de kilos de fruta fresca y dulce, como solo en Alicante nace.

Teníamos las horas contadas porque tocaba jornada laboral. Buenas noticias por la firma del contrato, malas porque está en dutch y no entendí nada. La embajaora’ me comentó que lo mejor era llevárselo para echarle un ojo allí antes de firmar; pero el jefe me hizo subir tres o cuatro pisos hasta llegar a su oficina, eran las dos de la mañana, y él, jadeando por el esfuerzo de las escaleras, no parecía con ganas de negociar una re-firma, así que opté por firmar, convencido de que la aceptación de un contrato en un idioma que demostrablemente no puedes entender no tiene validez (si hay algún abogado en la sala que me lo haga saber en comments).

El negosio se cerró a las 2:30, después de que un dj y su grupo organizador decidiera acabar con la fiesta planificada; él esperaba 100 personas, pero gracias a Dios, mis piernas agradecieron que acudieran solo 4 contados, más los propios organizadores, que sumaron 7. Desde las 17:00 concentrado en entender todas las palabras que me ordenaban mil platos y bebidas que no había oído en mi vida, fue de agradecer que no cerráramos a las otras 5:00.

Mi primera noche en el interior del restaurante fue peor de lo que imaginaba, allí conocí que los burritos eran de pollo y carne, y que primero pedían los estartes y luego el main plates y los main plates podían ir con side dishes y que los side dishes no recuerdo cuales son, así que directamente decía nombres ininteligibles, de esa manera los clientes optaban por no pedir nada, o simplemente pedir french frites, que era lo único que entendían dada mi pronunciación. Se dieron cuenta rápido de mi incapacidad, y entre enfadado y comprensivo el manager optó porque solo recogiera platos.

En el piso de arriba había una fiesta privada, un cumpleaños. Había visto subir y bajar a gente, chicas de unos 16 años, de origen indio. Cerca de las escaleras podías oir el punjabi modernizado, que sonaba muy similar al reggaeton. Por azar del destino tuve que subir al segundo piso, y permanecer en la barra sorprendido. Esperaba verlas bailar con ritmos repetitivos y espasmódicos estilo Bollywood, pero bailaban como en occidente! estilo streapers de bar barato; en el subidón punjabi incluso gritaban y levantaban los brazos fingiéndose alocadas mientras la amiga considerada fea socialmente miraba la escena desde fuera con cara de aburrida. Era curioso ver cómo se adoptan a fin de cuentas los mismos roles, las mismas actitudes.

La nota exótica de la fiesta la aportaba un joven, debía rondar los 30, y deslucía el pelo bajo un pañuelo atado al estilo Sikh, él junto a otro de menos edad, sin pañuelo, pero también de origen hindú, bailaban de forma extraña, imagino que a la manera de la India más rabiosamente moderna.  ¡Las chicas se lo estaban pasando bien! bailaban sin preocupación, se estaban abriendo paso a la juventud pisoteando la primera planta de un antro que fingía lujo plastificado, igual que su capitalismo pre púber bailaba a un paso que la vieja y encorbada Europa no podía seguir, tan solo le quedaba esperar, y alimentarse de los trozos de pastel mordisqueados que las niñas despreocupadas habían desperdigado por la mesa.

Aquella gente debía tener dinero. Alquilaban la primera planta de un restaurante situado en una de las plazas más turísticas de Amsterdam, y aunque en el restaurante no pagaban como si lo fuera, el ambiente exterior si lo era. Borrachos, drogados, fumados… por la noche, a esas horas, Amsterdam se llena de ellos, y de taxi bicicletas, que son la nota discordante de la noche europea.

El domingo, hoy, ha sido más perezoso que el sábado. Nos hemos levantado tarde, motivados por la cita que acordamos el sábado con un tipo que vendía su bici. 80 euros parecía un precio interesante que pagar dependiendo de cómo fuera el producto. Al final no la hemos comprado. En sí no era mala, una vieja bici típicamente holandesa, robusta, alta, grande, pesada, muy incómoda de conducir, con un freno delantero desgastado, y sin trasero. Me ha costado probarla, y muy poco rechazarla. Vuelta al hogar con Chloe sentada en la parte de atrás de la bici. Estoy haciendo piernas para la Giant y la Trek, mis dos amigas, a las que echo mucho mucho de menos.

La nostalgia por la montaña se está haciendo difícil de llevar. No se puede practicar ningún deporte en Holanda que exija un sacrificio tan grande como el de la montaña (en todas sus formas y estilos). Me he despertado esta mañana con las piernas temblorosas ante la falta de cuestas violentas, y he recordado con una melancolía entre alegre y dolorosa la última subida al Puig Campana con Raúl, el último pegue a la vía con Agus y las pedaladas tempraneras con Jose. Pero la realidad aprieta, el sacrificio de la montaña tengo que dejarlo en el del frío y el trabajo.

El Rain se está volviendo monótono y poco emocionante, pero siempre te da sorpresas que contar. En una mesa de la terraza se han sentado cuatro chicos, rondarían veintilargos treinta y pocos. Iban bien vestidos, con cortes de pelo modernos pero de raya al lado, ropa cara pero informal, querían lucir y han pedido cócteles. Me han dado tres o cuatro palabras en español, eran observadores… Tenían cara de españoles pero con la piel color hindú; no me podía imaginar su procedencia, así que con la curiosidad les he preguntado, y de nuevo en español esforzado, uno de ellos: yo soy de Irán. Era la primera vez que veía un iraní en mi vida! y hoy he visto cuatro de golpe! cuántas preguntas se han quedado en el tintero… sí, de esas que le gustan a Chloe…

Más tarde se ha unido al grupo otro joven, melenita rubia estilo serie americana de los noventa. Si era norteamericano probablemente serían  todos agentes secretos, o quizás niños de papá, ¿y espías de papá? ¿o niños secretos?, más bien lo último. En estos jóvenes más madurados también había dinero, o fingían tenerlo, porque a varios grupos de chicas les ofrecían a voz en grito invitarlas a cenar. Si los hubiera visto Ahmadinejad se les cae el pelo, al rubito el primero.

Embajadores en Amsterdam

Cuando en Amsterdam no llueve dicen que hace buen tiempo, aunque el viento sea frío, que es una constante. Hace  unos días, en la barbacoa en el parque, una chica italiana protestaba ¡yo en Amsterdam siempre tengo el viento en contra!, eso hace difícil pedalear y alza unas hojas que se te meten en los ojos mientras conduces la bicicleta. Si perderse por las calles caminando sin saber qué dirección tomar es divertido, hacerlo con la bicicleta no lo es tanto; no puedes apreciar los detalles de la ciudad, solo verlo todo velozmente mientras te pasan motocicletas acariciándote la pierna a 60 km/h. Aquí las bicis comparten el carril con los ciclomotores, y además los conductores no llevan casco. Intuyo que no están obligados.

Me he perdido camino de la embajada española, que ocupa un inmueble situado en la plaza Frederiksplein. Es una plaza arrinconada por edificios, pero bastante amplia, con árboles gigantes que con sus hojas hacen el cielo verde. En ella se dan cita varios tranvías, que la atraviesan sin piedad. Cuando he visto el banderón rojigualda ondeando al viento helado del Norte se han enfrentado dos sentimientos antagónicos, no sabía si escupir o cantar suspiros de España mientras me comía un bocadillo de arenque.

Entrar a la embajada es como viajar 2.090 kilómetros en un instante. El edificio es viejo. La puerta un poco pesada, pero con fuerza se llega a todas partes, la misma fuerza te frena ante dos caminos, unas escaleras para bajar, y otras para subir, a las cuales se accede atravesando un arco detector de metales. He optado por no despertar las alarmas e ir al piso de abajo. Donde no han podido ayudarme, así que me han mandado al tercer piso, a laboral. El arco creo que tenía función de aviso únicamente, lo cruzo, suena, y no pasa nada más. Me apunto en la lista y subo.

La mujer es agradable, se ha presentado, nos hemos dado la mano, y he reparado en la presencia de dos hombres a mi lado. Sentados, bien vestidos. Se notaba que tenían poder… no se cuál, pero alguno. Parecían dos agentes de la CIA pero spanish style. He estado a punto de preguntarles pero hubiera sido extraño: hola, ¿quienes sois? ¿qué haceis?.

Aquí, en Holanda, el estado del bien estar (si bien dinero tener), tienes que pagar al mes 100 euros, por un seguro médico obligatorio. La embajaora’ estaba indignada por ello, y por el contrato cero horas. Como buena representante de la marca españa, me ha recomendado que siga con la tarjeta sanitaria europea pues hasta que se den cuenta chico… qué más da. Era de las mías.

Los agente de la CIA se han sorprendido del famoso contrato cero horas, estaban dispuestos a criticar los escasos derechos laborales de los trabajadores en Nederland; aunque después han dado marcha atrás, creo que conscientes de que si trabajaban para el Estado epaño’ debían conocer bastante bien los de España.

No quería poner en un aprieto a la embajadora, pero me habían informado de que iban a cerrar la embajada con motivo de los recortes. Una de las embajadas más visitadas en Europa por la afluencia masiva de españoles a Nederland no es útil… claro que no. La mujer ha desmentido el rumor, pero cuando abandonaba la sala comentaban los agentes y ella algo así como: oye pues si que es útil este sitio, y ella apuntaba orgullosa: si, si, por supuesto, aquí ayudamos mucho a la gente… y las voces se perdían consciente de que el rumor debían haberselo hecho en petit comité a mi informador. Tengo que reconocer que el trato ha sido inmejorable; animo a todos a visitarla. [En realidad no se trata de la embajada si no del consulado, pero he decidido llamarle embajada porque queda más literario. Consuladora hubiera quedado un poco raro.]

La mujer de la embajada me ha recomendado que le llevara el contrato una vez lo tuviera, para así revisarlo. Mi siguiente parada iba a ser el Rain, armado con mi sofinummer como residente en Nederland! pero el jefe no estaba. Le he esperado un rato bebiendo café y charlando con mi compañero, el encargado. Es el primer cristiano copto que conozco, le he preguntado por su tierra, deseoso de viajar con su relato. Pero me ha devuelto la espinosa realidad social de su país, echo de menos a mi familia, tiene un inglés fuerte, con acento marcado, con erres duras y un deje discreto de quien habla árabe, pero mi país está lleno de estúpidos. Sabía de qué me estaba hablando, pero debía seguir preguntándole para que acabara de explicarse. Los musulmanes. Yo no podía decir nada ya, me di cuenta de la comodidad de una infancia en una sociedad sin conflictos marcados, de la sencillez de la multiculturalidad cuando no existía y del respeto entre culturas cuando solo hay una. En su voz había odio, contra el cual no podía hacer demasiado desde mis escasos traumas sociales.

Desde la terraza del bar he tenido un momento de pausa para Rembrandtplein. Es una plaza rectangular, situada al sur de la ciudad, en su centro se disponen varias figuras que, para ser originales, representan la Guardia de noche, de Rembrandt, el cual se alza sobre un pedestal detrás de las figuras. Dicen que por las noches se baja de él para ir a dormir a la casa que habitó, cerca de la plaza, que no se llamaría así en aquel entonces. Varios siglos atrás, en la Edad Media, estuvo dominada por la muralla defensiva de la ciudad, hasta que en el 1655 se abrió una puerta, conocida con el nombre de Regulierspoort. Durante la época del famoso pintor, la plaza recibía el nombre de Botemarkt, o mercado de la mantequilla; y es que el mercado de los lácteos que se celebraba los lunes en la plaza Damm, se trasladó aquí.

Actualmente la plaza es un continuo ir y venir de turistas, que ocupan los cafés de la cara norte estirándose como lagartos ofreciéndose a algo que, siendo de paises oscuros, podría llamarse “sol”; y es que el astro rey en Amsterdam ilumina pero no calienta. La luz es intensa hasta tarde, no brilla ni quema el alma ni te cierra los ojos como en Alicante, pero sí entra por los amplios ventanales de las casas, llegando hasta el último rincón. Es una luz diferente, no incomoda, hace de las sombras un leve difuminado en el suelo apenas perceptible, y no dibujos violentos con los que juegan los niños en el pavimento. Pero tengo que reconocer que echo de menos la luz que entra sin reparos como una cascada mientras subes la persiana, y la que calienta veloz el aire frío de la mañana, y la que te tuesta sobre la arena tibia bajo el sonido de las olas.

Cansado de esperar entre divagaciones en la terraza, he cogido la bicicleta para recorrer otra vez Singel, y salvar a Chloe, que hacía cola en un banco para abrir una cuenta. Generalmente, en los bancos de Nederland se te trata bien, esperas mucho rato, y luego te sientas en una mesa, con un trato más directo. De hecho, en el primero al que hemos ido (cuyo nombre no recuerdo), nos han concertado una cita para el sábado solo para abrir una cuenta. En los bancos te regalan cosas siempre, agua, caramelos… además en este de nombre raro nos ofrecían café !gratuito¡. Yo me he cerciorado preguntándole a la banquera, que ha asentido sonriente. Cuando hago preguntas raras Chloe me mira entre avergonzada y risueña, y yo disimulo diciéndole que quería practicar mi inglés. Es una suerte hacer toda clase de preguntas inútiles y tener la excusa de que quieres aprender el idioma. Cuando empiece a aprender dutch voy a ser entrevistador sociólogo.

Cita a las doce de la mañana del sábado, que abren las oficinas. Pero antes… la pregunta de rigor: cuánto cuesta? però això què val?, no está to pagao’, tres euros al mes. Nos hemos mirado, hemos tragado saliva con un okei y hemos volado de allí a tu otro banco y cada día el de más gente. Esto es un constante gerundio inglés, repleto de Ings por toda Holanda. En el face to face ya nos ha llevado al huerto, nos ha puesto dos botellas de agua sobre la mesa, y aunque en Amsterdam no falta, siempre te alegra. Y luego nos ha dicho mirad pánfilos, si abrís la cuenta aquí os doy 50 euros, porque si, porque somos Ing, y además pagas solo un eurico al mes, y no te cobro el agua. Hemos volado al banco innombrable para cancelar la cita, aunque tampoco hemos abierto la cuenta en Ing porque necesitamos un domicilio fijo…

Pocos momentos de mi vida he sentido que arriesgaba tanto como cuando el feliz y sonriente turco del carrito de los kebaps me ha preguntado si lo quería con todo, medio gritando, porque hablaba muy alto. Dicen que si vas a un país extranjero tienes que probar el producto nacional, y el kebap es el alimento europeo por excelencia, además en Nederland te los venden en la calle con puestos ambulantes, como churrerías, pero de kebaps. No podía restringir sabores, había que ir a por todas. Lo fundamental, como en la vida, no cambia, la salsa es lo diferente, y en verdad es distinta aquí. Es un sabor donde el componente principal debe ser la guindilla o el pimentón picante, que colorea con un tono rojizo el caldillo que siempre te chorrea de las manos, si no es así, es que no te has comido bien el kebap.

Hemos compartido el alimento con los patos de la charca que hay en Westerpark, parque poblado de corredores, borrachos, mil tipos de aves y sorprendetes conejos amistosos que salen de entre los arbustos.

Rijksmuseum

Como ya expliqué anteriormente en Trabajo! trabajo? los holandeses o dutcheses no se complican la vida con los nombres. Si hacen un museo donde guardan las principales piezas de diferentes siglos le van a llamar: Museo, y como está gestionado por el estado, pues le llaman: Museo estatal. Y ya está.

Aunque google translator me comenta que rijks, es reinar, lo cual tiene cierto sentido, y es que parece ser que la monarquía holandesa tiene cuatro días. Antes eran una especie de territorios separados, con sus propias normas y gobernantes al estilo italiano o alemán. Fue en 1815 cuando se configura como monarquía constitucional bajo el reinado de Guillermo I (Willem Frederik van Oranje-Nassau) de la casa de los Oranje-Nassau, de ahí el naranjita de la camiseta de la selección; y ese ferviente apoyo a la monarquía fue en parte consecuencia de la visita tranquila y pacífica de nuestro amigo Napoleón, emperaor’ que tenía por costumbre entronizar a sus familiares por todos los paises de Europa, como los puestos importantes del Estado pero a nivel internacional. El caso es que por h o por b, no tenían el carisma y talante de nuestro pequeño amigo, así que los echaban a patadas, y aunque antes los dutch vivían felices y tranquilos sin monarca, para hacerle la puñeta a Napoleón, pues pusieron a uno.

Guillermo I sabía perfectamente que para crear una monarquía sólida y una idea de identidad nacional, tenía que establecer una base cultural, un discurso histórico del que participaran todos los holandeses y holandesas con alegría y fervor patriótico. Y le salió divinamente viendo cómo celebraron el matrimonio real este año. También se puede comprobar qué alimenta el espíritu de las personas y cómo se construyen las naciones, el museo (al menos la parte del siglo XVII) es toda una oda a la violencia, estilo: aquí es cuando el ejército holandés perdió su primera batalla, ¡pero aquí es cuando machacamos a esos asquerosos españoles!, y lo mismo con los ingleses. También es divertido que en el siglo XXI utilicen en las cartelas de información de los cuadros la frase: cuando fuimos atacados por todas partes – when we were attacked by all the sides, ese victimismo belicoso me ha emocionado mucho.

Si vas a venir a Amsterdam y tienes intención de visitar más de cinco museos, te sale más rentable comprar la museumkaart, con la cual, por 49’90 euros tienes acceso a gran parte de los museos de toda Nederland durante un año! Es decir, que entre eso, la guía del museo y la visita guiada me gasté un buen dinero, o hice una inversión en conocimiento…

Durante la visita guiada, hicimos la primera parada obligatoria en “La ronda de noche” De Nachtwacht de Rembrandt, que despierta toda la admiración del gran público.

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En el cuadro, el capitán Frans Banning Cocq le está ordenando al teniente Willem Van Ruytenburch que ponga en marcha la “compañía cívica” (ya en el siglo XVII hacían esos juegos de palabras tan divertidos). La guía, muy simpática, ha preguntado a los presentes que quiénes creían que eran los señores del cuadro, un aventurado hombre  ha respondido businessmen! tios armados hasta los dientes al buen visitante le parecían hombres de negocios… era de Arizona, no iba a discutir qué eran para él los negocios. America es otra cultura.

Para presentar al señor Rembrandt en su esplendor, aquí va una instantanea de dos de sus grabados.

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Dentro de ese ambiente belicoso, los holandeses decidieron que lo mejor era crear compañías dedicadas al comercio internacional, es decir, al expolio y el robo de materias primas.

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Franz Jansz Post fue un pintor encargado de retratar lo que encontraba a su paso, trabajando al servicio de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales. Esta imagen es un detalle del cuadro Vista de Olinda, Brasil. Al imaginar a los neerlandeses tomando todas estas tierras para poder plantar azúcar a bajo precio y en buenas condiciones, no he podido dejar de pensar en las vueltas que da la vida, y en la reciente condonación de deuda de Brasil a algunos estados de África. Generoso perdón a cambio de poder explotar sus enormes extensiones de tierra mediante el monocultivo.

Parece que lo que más les gustó a los pintores neerlandeses eran los monos, de los cuales hicieron varios retratos. Un mono siempre es un animal divertido, y más si se abraza a un gato, en una pintura dedicada a Adán y Eva. Ambos animales asustados sabiendo la repercusión del acto impío.

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Dentro de la codicia y la violencia propia de todo Estado, también se desarrollaron en él obras utilizadas como alegato para la protección del conocido I+D+i, unas cuantas de esas harían falta por donde yo me se… Philipes de Flines, por ejemplo, connoisseur (tío que sabía mucho de arte) y mercader (forrado hasta los topes), decidió dedicar esta sorprendente y equívoca pintura a la ciencia, solicitando a Gerard de Lairesse que la pintara. Alegoría de las Ciencias.

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Todo este repaso a la Historia, mezcla de guerras, de luchas de poder, de ascensos y descensos, de estructuración de ideas de Estados… hace pensar a la gente de a pie que vaya putada tener que vivir sometidos a esos vaivenes fruto de la codicia. Sería utópico pero perfecto alcanzar un equilibrio armónico.

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…como en esta escena de atardecer…

Para acabar, pequeño homenaje a les palmeres d’Alacant, ¡visca Alacant!

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En realidad se trata de Yakarta, conocida en aquel momento como Batavia, ubicada en Indonesia. La historia de esta ciudad es fascinante. Todas las ciudades que han cambiado sus nombres con el paso del tiempo suelen tenerla, y más si han cambiado tanto como los de Yakarta.

En la imagen se ve el bullicioso y multicultural gentío arropado por el castillo, controlado por los neerlandeses, que a mediados del siglo XVII hacía y deshacían a su antojo.

La pintura El castillo de Batavia, realizada por Andries Beeckman, está colocada cerca de una ventana, desde la que he visto la lluvia caer. Las palmeras me han hecho viajar a Alicante, y la ventana al frío de verano…

Por si no has visitado Amsterdam y el Rijksmuseum, tanto yo como el guapo Michael Sweerts te recomendamos que lo hagas, ¡él te estará esperando! ¡mira como te llama!

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11 de Junio

Tenía suerte de que no me hubieran dado trabajo en el Smokey porque cuando cerramos el restaurante a eso de la una de la mañana, el bar contigüo estaba en su momento de máximo esplendor, abarrotado hasta los topes y con todo el mundo bailando acelerado.

La tarde-noche no fue dura, la anterior había sido muy floja y apenas pude enfrentarme al mundo. Esta ya pintaba de otra manera, había varias mesas ocupadas y nada más empezar a trabajar a las 17 llegaron más parejas. La temperatura era agradable, pero estaba algo constipado. Los primeros clientes fueron comprensivos y me repitieron lo que querían tomar unas cuatro o cinco veces en todos los idiomas que conocían. Vinieron unos franceses que consideraron que yo era francés y solo me hablaron en francés. Y entre la maraña de público se presentaron unos diez u once holandeses para beber algo… el espectáculo estaba servido… Ya había tenido varios roces con clientes que se sorprendían de que no hablara dutch, y ahora, cuando le sugerí a un hombre del grupo que se dirigiera a mi en inglés, espetó can you speak dutch… me limité a sonreir mientras hervía con su prepotencia. Me pidieron unas cien mil cosas en completo desorden, marcas de cerveza que no exisitían en la carta pero que yo confundí y para colmo me olvidé de llevarle su cerveza al hombrecillo simpático del dutch, que después, con fingida amabilidad, exagerando las buenas palabras, me volvió a pedir.

El gracioso del grupo quiso saber si teniamos snacks, y al sugerir qué tipo de snacks,  salió de mi boca snex, interpretando él que había dicho sex. La tensión iba en aumento.

Me salvó una española compasiva y la amabilidad de una chica morena que se sentaba a su lado, trabajaban también para la compañía. Le expliqué que llevaba cinco días en Holanda y se compadeció, comentándolo con los demás del grupo. No le dije que encima estaba resfriado, hubiera sido rizar el rizo de la clemencia.

Para colmo llegaban más holandeses al grupo… y más clientes, que se soprendían de nuevo de que no hablara dutch, levantando las cejas o haciendo muecas. Los comprendo, pero espero que me comprendan a mi también.

La mesa de los 100.000 hijos holandeses de San Luís no paraba de beber, pero como solución inteligente, habían optado por pedirle a mi compañera.

Varios clientes me preguntaban sobre mis intenciones para con su país: trabajo! werken! 

Spain is bad, no?.., unos días antes de venir, escuché en la radio una entrevista a cierto ministro español que decía que todos los españoles somos embajadores de la Marca España, y que había que españolear, mostrando orgullosos la españoleidad. Basándome en el criterio que tienen los políticos de españolear deduje que era mentir y robar, así que opté por no españolear y sentidocomunear, virtud que por suerte no tiene fronteras. Así que ponía cara de enfado y les decía: Spain is very bad, there’s no job, there’s no oportunities, no chances… Me decían que triste que pena y me iba a por más bebidas para la mesa de los cien mil hijos.

La situación estaba controlada, la hora punta de la cena había pasado.

De entre los cien mil hijos se alzó uno, que debía ser el jefe porque pagó, además era el no tengo cerveza speak dutch!, había dado en el clavo, era el hijo de puta de San Luis, que en la barra protestó por mi carácter de primerizo en la hostelería holandesa. Consideré que lo mejor era interceptarlo y comentarle la jugada (la de Spain no chance no, la de es mi quinto día) y de paso excusarme por no hablar su idioma. El hombre, que debía ser experto en buen trato al cliente, me sugirió que la próxima vez diga que necesito ayuda porque soy nuevo. Él no contaba con que tenía a mi jefe dentro del local, y a otros dos en la terraza, ni con que me pedían las bebidas en absoluto desorden. Para aportar más datos sobre su poder en el cielo y la tierra me dijo la brutal cantidad exacta que había pagado, y me recordó que él paga mi salario, que él era todo poderoso, el alfa y el omega. Como signo de compañerismo me golpeó cariñosamente con el puño en el pecho y sonrió, yo todo el rato sonreía por fuera y por dentro me cagaba en su padre, que no debió enseñarle demasiada educación, ni respeto.

Creo que hay dos palabras clave que cambiarían el curso de la humanidad: honradez y humildad.

El local tiene tres televisores que emiten videos constantemente. El compañero holandés estaba subiendo las escaleras pero se paró derepente, girando su vista al televisor. Miré al compañero, luego a la tele… era un videoclip que él conocía bastante bien, Rosana. Por lo que pude interpretar, Rosana es una morena espectacular que baila en los bares y un tipo la lleva en coche y ella hace como que felación y en fin… toda serie de típicos equívocos sexuales que desembocan en otra cosa, lo que le llevó a mi compañera, también dutch, a explicarme que eso era “videoclip horny”, para después decirme que horny se dice algo así como jerren o jerrein o jirren. Como había aprendido a decir “yo estoy” decidí combinarlo añadiendo “muy”, y no controlé el volumen de voz porque la música estaba bastante alta. Cuando salí, dos mujeres que estuvieron interrogando sobre mi procedencia se estaban partiendo la caja…

A lo largo de la noche el grupo de los cien mil hijos se fue reduciendo, aunque quedaban algunos irreductibles. Gente simpática, que hablaba sobre tener hijos, los viajes y cosas en dutch. Los divertidos miembros de la compañía llevaban una buena cogorza, e irónicamente, ahora tenían que bajar la cabeza a mi paso para no cerciorarme de que iban bonicos, o por otro lado, hacían toda clase de famosas muecas y gestos simpáticos intentando sonreir para fingir que no habían bebido casi nada, de los cuales surgían toda clase de poemas visuales sobre el horror.

La noche. La noche otra vez, en otra gran ciudad, con sus borrachos gritando por la calle, sus transexuales agarrados del brazo de clientes, y sus locos que caminan raro y hablan solos… La noche en Amsterdam es como cualquier noche en otra ciudad.

El ambiente dentro del local era apagado, sonaba una canción en inglés de los típicos cantantes melódicos actuales, llenos de melancolía y tristeza; estaba ya bastante cansado, más por la tensión que por el trabajo. El cocinero egipcio descansaba en uno de los sofás y jugueteaba con su i-pod, cuando pasé por su lado vi que observaba atento una foto de recién casado, zoomeando en su mujer… me pregunté si vivía con ella todavía, o si estaba lejos, si la echaba de menos… era el momento tierno de la noche, yo solo quería llegar a casa para meterme en la cama y abrazar a Chloe. No había sido extremadamente duro, pero tampoco era fácil. El futuro se afronta con una extraña mezcla de esperanza que por lo que vivimos, se hace triste a veces… honradez y humildad! parece que no es tan difícil si nos esforzamos un poco.

A última hora vino una pareja agradable, por el acento parecían de alguna zona de Inglaterra, y la fumada importante que llevaban les daba un toque místico revelador. Con dos cosmopolitan encima de la mesa miraban al infinito con una leve sonrisa en la cara. Eran la paz.

Llegaron también dos jóvenes negros, el amigo enrollado y el serio. El enrollado en seguida preguntó mi procedencia, para añadir ante mi respuesta: uno momento! por favor! y pedir: uno mohito! amigo! , el amigo soso quería una coca cola, pero el enrollado era demasiado enrollado, tenía el pelo afro y vestía cool: bring another uno mojito! come on!, miré al amigo, que puso la internacional cara y gesto de: quin remei mare!. Eran una pareja muy televisiva.

Esta mañana (12 de Junio) he conseguido mi sofinummer, soy oficialmente residente de Nederlands, y he sido bautizado al salir de las oficinas del estado con la primera lluvia importante del verano… ¿verano?