Noche en Lluvia

Le pedí a Chloe la bicicleta para no realizar todo el trayecto de casa al Rain y del Rain a casa cuatro veces en un día, significaba recorrer otra vez la calle Singel. Ese viernes había visto fumados y prostitutas, dos iconos de Amsterdam, me faltaba vivir algo en mis propias carnes típico de la ciudad. El respeto a las bicicletas no es un mito, es una alegre realidad, los peatones te ceden el paso y los coches se paran con paciencia incluso en los cruces donde es suya la preferencia. Recorrer Singel en bici no es tan pesado, llegué en un minuto.

Miré el Rain, había leido en internet que era uno de los bares más famosos de Amsterdam, y que cerraba a las 4… Además me pasé por Ibericus a llevar el CV, así que comenté la jugada, pero no sabían nada de ese restaurante-club-bar.

El Rain es un restaurante de dos plantas que a las once de la noche se convierte en dancing club, muy similar a los locales que pretenden ser de lujo, decorado con gusto con una luz tenue en la primera planta, pero muy luminoso por unos ventanales en la segunda. Entré. Busqué a mi viejo amigo y no estaba, pero sabían que iba a llegar un español con cara de meheperdido para hacerse un hueco en la plantilla más internacional que había visto.

El primero en discordia era holandés, hasta ahí bien, de nombre impronunciable; después pasamos al egipcio, la polaca y ¡el malagueño!. Empezamos a hablar en inglés sin saber la  nacionalidad, nos mirábamos, algo intuiamos, esas haches pronunciadas como jotas… la manera de cambiar el orden del sujeto y el verbo… hasta que se le escapó un “arsa quillo!”  y yo le dije “xeee! me canguendeniaaa!” (eso no pasó pero hubiera sido divertido). Después en la cocina he vivido el apocalipsis nominal, ni siquiera me quedé con el del dominicano, porque desistí de intentarlo con el otro egipcio, el filipino, el hindú y el turco.

En el piso de arriba me esperaban las compañeras de la noche, otra polaca y una holandesa, ella me lo puso fácil: “Eidiet”. Yo: eiadieat? iediatei? iadeiadeaitedit?… EDIT!, como Edith Piaf. Así se hacían las cosas… que se empezaron a poner feas cuando tuve que salir a recoger vasos y platos vacios con la ropa de calle porque no tenían camisas de mi talla, o cuando tuve que picar el hielo y la máquina no se dignaba a funcionar, hasta que la inspiración provino y me recordó que tenía que ponerle el hielo para que pudiera picarlo…

Salir ahí fuera con esa cantidad de holandeses no era nada fácil, ellos se empeñaban en hablarme en su idioma, yo levantaba las cejas y sonreía mientras retiraba los vasos, platos y botellas, huyendo de la zona del crimen tan rápido como podía. Las botellas acumuladas me recordaron los viajes a los contenedores de vidrio cargado con miles de cascos… Soy casi graduado… y yo que pensaba que con todas las promesas que nos habían hecho con una carrera podría olvidarme de limpiar mesas… estando a un paso de la gloria de ser graduado iba a tener que volver a oler el alcohol rancio pegado en el suelo, mancharme las manos de cerveza con las botellas que los clientes no querían acabarse y romperme los riñones con cajas de un lado para el otro. Qué equivocado! pero no podeis imaginar cuanto! Porque entre las filas de los internacionales valientes, contábamos por ejemplo con una filóloga italiana y otro hispánica, de nacionalidad polaca, que hablaban por lo menos tres idiomas. No se qué les contaron a ellas de niñas, pero debían ser fuertes, porque preparadas estaban de sobra, jóvenes, capaces y trabajadoras, y la amada Europa está dándoles espalda.

Carlos, you go to the first floor, una celebración con 62 personas era la mejor manera de enfrentarse a la primera prueba.

Eran un conjunto weird asistente a un congreso de programación, principalmente belgas, junto a holandeses y una minoría de americanos. Me relajó pensar que el menú estaba cerrado y además no tenía que tomar nota de las bebidas, cosa que ellos no sabían, así que insistieron en pedirme unos cinco tipos de cerveza que desconocía completamente, en nombres auténticos que conocía aún menos, y que ellos dejaron de conocer cuando las cantaba para servirlas, solo diré un nombre aproximado: viekelveiss…

Aquí no iba a servir la excusa-broma de los clientes de la terraza: lo siento, es mi primer día, bueno, es mi primera hora jejeje… mi jejeje se alargaba incómodamente frente al silencio dutch, a esta gente parece que no les gusta bromear con el trabajo. Decir a mi favor que conseguí servir todas las bebidas que me pidieron, y me familiaricé rápido con la máquina para apuntarlas.

La noche de Rain estaba saliendo mejor de lo esperado, de hecho me dieron carta de libertad a las 22:00, después me sirvieron un chuletón aderezado con un puré y una salsa no pica hermano que hizo el chico dominicano, el cual, o trata muy mal a sus hermanos o tiene una excelente resistencia al picante. Ese gesto lo consideré como un pago, en caso de que no me vuelvan a llamar, aunque antes de irme se apuntaron mi número (no me han llamado todavía), y aseguraron que me tendrían en cuenta para elaborar el horario de la semana que viene.

Hoy, sábado, ha tenido otro cariz. Los sábados, en la zona centrum de Amsterdam se abre un mercado ambulante bastante grande, que ocupa alguna de las avenidas principales. En ellos puedes encontrar desde desodorantes hasta katanas, aceite ecológico de Grecia o arenques y Bradwurst típicos de los paises germánicos. Sorprendentes puestos dedicados exclusivamente al queso, o pequeños tenderetes dirigidos a la venta de un dulce húngaro formado por rosquillas de canela.

Como la fruta era una necesidad, hemos parado en uno de los puestos al azar. La fruta es cara, y todavía más cuando ves que el precio se corresponde solo con medio kilo. Pero hay que confesar que puedes encontrar fruta barata si la compras de temporada, y si la producen aquí. Llama la atención la variedad de patatas y los guisantes ¡todavía en la vaina!

Son curiosos también los puestos de pescado, tienen por costumbre vender unos, que parecen lubinas, aunque más finas, que se coloran de amarillo por el secado (imagino). Los salmones los dividen en salvajes y de piscifactoría, presentando los segundos un rosa intenso frente al rojo oscurecido de los salvajes. Me ha encantado comprobar que al pulpo, en las cartelas, lo llaman “pulpo”. De precios no puedo hablar, los he obviado.

Para acabar nuestra mañana de mercado hemos pasado por un puesto de salchichas, por la tarde teniamos una barbacoa, (¡gente nueva!, me preguntaba que de cuántos miles de paises diferentes serían…) así que era conveniente llevar algo. Los puestos de salchicas conducen al enigma. Productos con la misma forma, el mismo color, pero distintos y enrevesados nombres… Para no arriesgar hemos ido por el camino fácil: Bradwurst.

Cuando hace sol, los fines de semana, los parques de Amsterdam se abarrotan de gente armada con mini-barbacoas. Aquí los parques son tamaño complejo industrial, con lagos e incluso pequeños cursos de agua. La nuestra era en Oosterpark, que andando queda lejos, y en una bici dos personas… pues más cerca.

Tarde amena en el parque. En donde nos han confesado que si te alejas del centro y de los supermercados, la competencia entre los puestos regentados por turcos es tan brutal, que puedes encontrar todo tipo de verdura a un precio irrisorio, incluso comparado con España.

En los parques quien decide cuándo te vas es el sol, que aunque lo sigas viendo trae un frio inaguantable, y eso que es verano.

Dicen que si la temperatura baja a 13 grados tienes que prepararte para la lluvia, y eso que es verano.

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