Tropenmuseum, Escher y arte islámico

Los domingos siempre son días de tensiones, sobre todo si el sábado has ido a Ikea a última hora para comprar una cama, y antes de salir te das cuenta de que necesitas un colchón para la misma.

A contrareloj deshicimos el Ikea. Si su recorrido habitual ya parece eterno, hacerlo en contra lo dilata, lo prolonga hasta perder la noción del tiempo y el espacio, convirtiéndolo en infinito, en algo abstracto, comprendido por muebles de geometrías puras y lineas marcadas, como el arte islámico o los grabados de Escher.

Así que eso hicimos el domingo, fuimos a ver una exposición sobre la influencia del arte islámico en Escher.

Mauricius Cornelius Escher fue un artista gráfico holandés, famoso por su interés por las matemáticas, las arquitecturas imposibles y el infinito, es muy conocido el grabado de escaleras que conducen a otras escaleras que lleva a la misma escalera, recorridas por hombres destinados a caminar durante toda la eternidad.

 

escher          A este detalle de la obra me refiero.

Conocí esta pieza del artista gráfico desde mi más tierna infancia, con ella pasé horas y horas intentando adivinar cómo llegar a las habitaciones  inferiores. Colgaba esta delicada pintura en una pared de mi casa, dándome así mi padre el entretenimiento de horas de reflexión y paranoia kafkiana de lo imposible y lo ilimitado.

 

escher II          (sí… esta también estaba colgada)

 

La cuestión es que nunca había oido hablar de la influencia del arte islámico en Escher. El artista holandés visitó la Alhambra en 1936, y desde ese momento los juegos geométricos mediante figuras, codificadas en obras abstractas, se convirtieron en un referente creativo.

 

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Para muestra un botón. La favorita de Chloe en la colección. Se llama Sistema triangular, data del 1952. Forma figuras abstractas que podrían recordar a un caleidoscopio,  mediante lagartijas, pájaros y murciélagos. La gracia de ello, es que si no estuviera limitado por un espacio, la imagen se expandiría sin límite alguno. Es el infinito representado geométricamente, llegando a la abstracción. La misma abstracción alabada en cuadros del siglo XXI, es la que utilizaron ya en el siglo XIV (aunque también antes) con obras que decoraban páginas de manuscritos del Corán:

 

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Se trata de un manuscrito elaborado en Irán, entre el 1330 y 1340. Dicen que los musulmanes, ante la imposibilidad de representar figuras, dedicaron sus esfuerzos en perfeccionar la decoración y linea de las letras, con lo cual alcanzaron ese nivel de abstracción, modelo que repetirían también en la decoración de cofres.

 

 

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Esta pequeña joya, del mismo lugar y época, tiene tallado en placas de oro y bronce motivos caligráficos, pero también vegetales y figuras geométricas. Sigue el mismo concepto que tomó Escher para sus obras, como podemos ver en esta otra litografía suya.

 

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Su nombre es revelador: Orden y Caos, del 1955.

Otra muestra interesante de arte islámico es esta obra:

 

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Es una miniatura elaborada cerca del año 1795 en Mewar, la India. Hay que añadir que las obras expuestas junto a los grabados de Escher no fueron necesariamente vistas por él, de hecho esta se aparta un poco de la tendencia pictórica, al ser figurativa. Lo que no se puede negar es que queda muy bien y es muy útil para destacar la imposibilidad de hablar sobre “arte islámico” como tal, aunque para simplificar haya sido utilizado en el título de la exposición: Escher meets Islamic Art.

La exposición es muy mental, racional, fundamentada en la teoría y acompañada con obras de origen musulmán que, si bien pretenden ilustrar la influencia de la Alhambra en Escher, al final atraen por si solas por su unicidad y belleza. La abstracción “islámica”, aunque con racionalización matemática, conduce a la meditación y espiritualidad, atrayendo, y creando por sí sola una exposición.

Las obras son escasas, y ocupa esta exposición una pequeñísima parte del museo, denotando su calidad de reclamo al Tropenmuseum!.

El museo es el clásico de antropología, aunque se trata más bien de “museo de zonas tropicales”. Tropen es algo así como trópico o tropical. Está dividido en dos pisos, y lo que nos encontramos nada más bajar del ascensor en la segunda planta hizo que Chloe y yo pusieramos la misma cara que nuestra amiga procedente de la costa central de Perú, y que vio la luz del sol por primera vez entre el año 1000 y el 1460.

 

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Estábamos en el museo de antropología sin saberlo! De nada más y nada menos que cuatro plantas. Entresuelo, cero, primera y segunda (donde comenzamos). Las exposiciones permanentes se encuentran ubicadas en las dos últimas.

La historia de este museo es muy curiosa… existía un botánico llamado Van Eeden, alto cargo además del gobierno dutch. Este buen hombre decidió coleccionar todo lo referente a las Indias del Este en su ático, hasta que en el 1865 se percató de que era imposible seguir almacenando cosas y se mudó a Haarlem, para en el 1871 fundar el mencionado museo: Museo Colonial. El nombre lo dice y lo abarca todo, una manera de pensar de la época y pocos complejos a la hora de demostrar el poder de ultramar aún sellado con sangre. De hecho, el museo fue creado para favorecer el contacto de los dutch con las colonias, con los productos de las colonias, y así darles más tirada comercial. Esta gente lo plantea todo bien, muy bien.

En el año 1900 se comenzó a proponer otra ubicación, pero las alegrías de los gloriosos años de conquistas se convirtieron en tristes guerras intercontinentales, que provocaron que la reciente Colonial Institute Association no estableciera su base hasta 1926, dieciseis años después de su fundación. Esta fundación se dividió en tres departamentos: Productos Tropicales, Higiene Tropical y Antropología cultural. Todas ellas dedicadas al estudio en su materia.

Resulta curioso el nuevo cambio, tras la II Guerra Mundial, comenzaron los complejos y las falsas etiquetas. Ya no querían tener nada que ver con las colonias, y aún estando en posesión de Indonesia, en el año 1945 se denominó Indisch Instituut, o lo que es lo mismo “Instituto de las Indias del Este”. Sutiles.

Ya en el 1949, cuando Indonesia recuperó su independencia decidieron disimular, como si no tuvieran nada que ver con la situación, y pasaron a denominarse: Royal Tropical Institute. 

A finales del siglo XX, y con un abundante y copioso baño, se dieron un lavado de cara, para despertar tras tres años de remodelación convertido en un centro para mostrar cómo viven en el Tercer Mundo, su día a día, el hambre, la pobreza y otros desmanes.

Si que hay que reconocerles que en ese lavado también decidieron hacer autocrítica, y reconocer las brutalidades llevadas a cabo para conseguir, por ejemplo, el cultivo del azúcar. Para resumirlo: Holanda tomó posesión de una región situada al norte de Brasil, conocida como Surinam, para cultivar el azúcar transportaban a africanos en barcos, de la siguiente manera:

 

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Los movimientos de población causaron miles de muertos, y las condiciones de “vida” eran pésimas después en las plantaciones, donde trabajaban como esclavos. No todos soportaban ver morir a sus familias o partirse bajo la sombra de un látigo, así que escapaban, internándose en la jungla para crear allí pequeñas comunidades, conocidos como maroons, los cuales perviven aún con ese nombre y su identidad luchadora.

 

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Lo más divertido del tema es que en el año 1863 se abolió la esclavitud en dicho país, una nueva puerta se abría para los habitantes de este territorio… y se cerraba para los de Asia. Los holandeses con dinero y poder, gentes de bien, aprovecharon su poder en Indonesia y la India para enviar miles de sus habitantes, pagándoles un sueldo mísero por trabajar como anteriormente lo habían hecho los esclavos.

Actualmente en el siglo XXI utilizan un contrato, conocido como “0 horas”, mediante el cual te asignan horas en función de la necesidad de la empresa, teniendo derecho sobre tu persona si te llaman ocho horas antes para acudir, con buenas maneras y gesto agradable, al trabajo. Los contratos precarios para el cultivo del azúcar obligan a pensar en los actuales, aquí o en cualquier otra parte del mundo. El pasado a veces nos planta en la cara las visicitudes del presente y no somos capaces de contrastarlas.

El museo es muy grande, con mucho material mostrando diferentes culturas, unidas por los mismos miedos y esperanzas.

 

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Este anciano, tallado en Bali entre el 1925-35, es una representación del paso entre la vida y la muerte, y a pesar de ser una creación tardía, conserva la misma inquietud y miedo a lo desconocido, que algunas creadas mil años atrás. Como el cormorán, moldeado en Perú en el año 1200, ave caracterizada por traspasar a través de dos mundos.

 

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No solo encontramos figuritas dedicadas a la muerte y la vida, también hay una sala que reproduce una de las colecciones de objetos exóticos, desde animales hasta armas.

Le pedí a Chloe que escogiera la que más le gustaba, y esta fue su elección

 

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Es una espada de un rey de Indonesia, el arma se llama Kris. Su empuñadura es alucinante, confeccionada con marfil y adornada mediante oro y diamantes. Para matar con clase.

 

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Esta chica sabe escoger entre lo bueno… aunque a veces haga excepciones.

 

Después del museo, ansiosos por impregnarnos más de lo exótico, fuimos a comer a un restaurante de comida del Surinam, con absoluta humildad y desconocimiento, pedimos el supuesto bocadillo que estaba entre los top five: bakkeljauw. 

El dependiente nos observó cautelosamente mientras añadía sonriendo: es pescado eh?. Quería evidentemente decirnos: no pidais esto porque no os va a gustar.

Era pescado, y sabía a pescado. Sabía mucho a pescado, sabía como huele el mar. Pero los percebes también y son un producto de lujo! así que lo disfrutamos como manjar que era. Para luego probar aventuradamente el roti rol. La idea es básica: patata, judía verde y pollo al curry metido en un rollo de maiz, estilo tortita; no era tan exótico.

En mi sed de exotismo pedí una bebida para mi conocida solo por una canción: zumo de tamarindo. Es un jugo parecido a la misma, cuando lo pruebas no puedes dejar de beberlo. ¡Pulpa de tamarindo!

La nota discordante del día soleado: atraidos por una paella gratuita visitamos un supermercado famoso en Amsterdam por ser caro, biológico y de lujo. Al final la paella se había acabado, pero tenían nachos y palitos de queso entre los estantes para probar, así que salió bien la jugada… pero digo discordante, porque en aquel mercado todas las dependientas eran dutch, y recién salidos de un museo que denotaba el racismo vivido tan solo dos siglos antes, estábamos sensibles a cualquier expresión del mismo, y fue así como entendimos que nadie del personal fuera de ninguna de aquellas colonias que con tanto placer y alegría han sido conquistadas por la Vieja Europa: el racismo persiste y la esclavitud también.

 

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Si sale el sol

El viernes empezó el sábado en el restaurante, cada día que pasa del verano vienen más turistas, unido al sol de esta semana hace que la terraza sea un lugar tentador para tomar algo.

La cuestión es que el fin de semana que tenía libre, para pasar con Chloe y una pareja amiga suya que vino de visita, se volvió trabajo. El del sábado ya estaba planeado, me llamaron el jueves para decirme que si podía ir a las cinco, pero esta vez de freganchín. De cinco a dos de la mañana non stop, para dejarlos todos relucientes, bajo el ritmo de bachata y reguetón del compañero dominicano, eso lo hizo más ligero.

El sábado por la mañana, antes de entrar al ruedo, nos metimos entre pecho y espalda un desayuno almuerzo típico de Holanda que desconocía: los pancakes!, así se llamaba el restaurante también Pancake!. 

Decorado sin ningún carácter especial, apto para todos los públicos y con una carta variada que giraba en torno al mismo producto. Desde salados y dulces a combinaciones sal/azucar, pasando por típicos dutch entre franceses y americanos. La traducción de pancake creo que puede ser algo así como tortitas. Son tortillas, crepes, tortitas… ese estilo de producto típico de cualquier zona geográfica que combina huevo, harina y azucar, nutritivo, saludable y energético.

Fue la lonli la que nos lo recomendó. La lonely planet. Así que el lugar tenía ya cierta garantía de calidad, y en cuanto a sabor, no defraudó.

El domingo era mi día libre, el sol brillaba con más intensidad que nunca, alcanzando un pico de 30 grados. Era un día espectacular, radiante. Planeamos ir al Amsterdamse Bos, para disfrutar del agua del río y de la hierba, cargamos en la bici hasta el balón de fútbol.

Nos dirigimos al mercado para el avituallamiento, entusiasmados, y a mitad de compra, como era de esperar, me llamaron del restaurante. Cuando pasan estas cosas pienso en España… allí nadie me molestaría de camino a la playa porque nunca me llevo el móvil. Pero no tendría trabajo ni dinero, y aunque en la playa no se gaste, de algo hay que comer luego.

Me contaron los liberados que pasaron la mañana en el parque. Hacía calor, pero la única valiente fue Chloe, que se bañó en el río. Estaba de temperatura como la playa de Alicante en primavera, me dijo. Recorrieron todo el bosque en la bicicleta y cuando tuvieron hambre, cobijados por la sombra de los grandes árboles, prepararon los bocadillos.

En el restaurante todo era invariable, por suerte me llegó olor a agua, como a piscina, y a romero, entonces me acordé de que justo antes de entrar al supermercado Albert Heijn pensé: esta gente está trabajando hoy y yo por fin tengo el día libre, voy a disfrutar del sol y de la compañía! 

Entre la ciudad y el bosque

Ayer estaba solo y tenía el día libre. Decidí tomar uno de esos tours por la ciudad, en los que tienes que pagar una propina libre y opcional, pero recomendable y necesaria, al guía. Son visitas ligeras, paseo por la ciudad bajo el sol abrasador de ayer, porque esta ciudad no se pone de acuerdo con el tema “tiempo” y se arrastra por la bipolaridad estacional.

Podría explicar la visita, pero tendría que ir acompañada de imágenes y además os desvelaría el viaje a Amsterdam. Decir como curiosidad que Amsterdam viene (según el guía) de la mezcla de Amstel, río principal, y dam, que significa presa en dutch. Como hemos visto, esta gente no se complica demasiado la vida, los marineros que fundaron la ciudad decidieron tomar el camino fácil, en cierta manera decidir construir una ciudad en medio de un pantano tampoco es “el camino fácil”, pero ya que la empresa fue tan ardua debieron pensar que los nombres no serían rebuscados.

Llevaba en la mochila el uniforme de super camarero, por si había algún cliente en apuros que necesitara beber algo, y por otro lado pasar desapercibido como un turista más entre las chicas de inter rail, los sudamericanos viajeros y la pareja de españoles mayores, en la que el marido se quejaba y la mujer le reñía… También la llevaba porque trabajaba esa tarde…

Como hacía sol, la jornada de trabajo fue potente, pero conforme se apaciguaba la faena podía reencontrarme conmigo mismo en aquella terraza y analizar a los clientes. Comprobar como un marido arropaba con el brazo a su mujer, debían rondar los setenta, el gesto de cariño me llamó la atención. En ese momento de ternura pública me llegó un olor especial y un viento frio, como cuando abres la tienda de campaña y sientes la mañana pura en medio de la naturaleza arrebatándote el sueño, ayer Amsterdam olía bien, no se de dónde venía el viento pero traía buenos aromas, que me llenaron de nostalgía hacia las montañas, aplastadas aquí por no se qué maldición injusta, haciendo la vida difícil de comprender y los mapas imposibles de descifrar.

Ante esta nostalgia decidí visitar el lugar de naturaleza más salvaje de Amsterdam, no podía ser otro que el Amsterdamse Bos! si, de nuevo con su pragmatismo. La traducción es: el bosque de Amsterdam. Aunque el nombre remita a un conjunto de árboles nacidos sin ningún control, se trata de un parque, organizado, pensado y diseñado. 

Ya rondaba por la cabeza de expertos hacia el año 1900, como alternativa de ocio en la ciudad y como zona verde, pero sería 27 años más tarde cuando se plantea en todo su esplendor, bajo el plan conocido como Boschplan (lo han vuelto a hacer: “el plan del bosque”, claro), entre unas cosas y otras el plan se fue postergando hasta que llegó la crisis, y en el año 1934 se pensó que era idóneo para acabar con el desempleo, una especie de Plan E, el Plan H… no, se integraba dentro de la tónica general llevada a cabo también en Estados Unidos, donde hicieron autovías. 

Gracias al impulso keynesiano de la economía, 20.000 trabajadores cultivaron para dar ahora un bosque de cerca de 1000 hectáreas, convirtiéndose en uno de los parques más grandes de Europa.

El parque combina praderas amplias con caminos asfaltados que circulan entre los árboles.

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Algunas de las praderas las acaricia un río, donde audaces marinos se baten contra las olas en sus canoas

 

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La otra cara de la moneda, la pradera, está plagada de holandeses más valientes si cabe, que se enfrentan en sus bikinis a posibles resfriados por el acto heróico y persistente de muchos de ellos: tomar el sol cuando no hay sol.

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En este parque he comprobado la importancia del cricket en la cultura holandesa, he visto mi primera pista de carreras de remo (del año 1937), una piscina exclusivamente para niños y miles y miles de campos de fútbol de césped ¡no artificial!

 

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Hay porterías como estas desperdigadas por todo el prado.

Mi entrada ha sido triunfal, he dado varías vueltas por el mismo sitio, completamente desorientado. Los holandeses podrán entender mucho de verdes, se destilan miles de tonalidades de las hojas de los árboles, pero nunca entenderán de luz. La luz aquí es uniforme, el cielo es el mismo y el sol brilla por igual en todos los puntos, sin apenas cambios en su tonalidad a lo largo del día. La luz no incide, solo ilumina. Eso hace difícil la orientación, porque además el sol no siempre está a la vista, y te obliga a pasar por donde ya has pasado, en parte positivo porque puedes volver a observar los detalles, los colores verdes intensos de los claros en el bosque, y los más oscuros, ocultos a la luz por las espesas ramas, que otorgan al bosque la potencia de lo salvaje, puro embrujo del hombre, que tardó más de 30 años en construirlo.

Uno de los carteles que más me ha desorientado era este:

 

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He interpretado al principio que significaba algo así como “no hagais bromas”, o uno más realista estilo: “aquí se acaba el parque”, por eso he dado varias vueltas, hasta aventurarme y atravesar uno de esos paneles malditos. Tenía que resolver el principal enigma: fietspad. Buscándolo en internet me he percatado de que es más común de lo que creía, y que su traducción no es otra que: “bicicletas, no toqueis el timbre”. No tardaremos en ver una camiseta con ese estampado seguro.

Supongo que lo del timbre será para no romper la paz de las 200 especies de aves, entre las que he visto a los típicos protagonistas también presentes en la ciudad y que veremos a continuación, pero también a pajarillos nerviosos infotografiables que volaban de un lado a otro veloces, buscando algo de alimento.

 

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Un cuervo intenta marcharse disimuladamente para no ser fotografiado. No lo ha conseguido nuestro amigo, así que podemos disfrutar de esta ave tan alucinante, aunque para alucinante la dignidad absoluta de la garza real.

 

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O la simpática y entrañable familia de patos. En la soledad del parque he podido analizar mi interior, escuchar a mi corazón y preguntarme por qué el graznido de los patos me hace reir estúpidamente.

 

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Por último, una muestra de la gran variedad de verdes, como clausura de la entrada de hoy:

 

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No más Singel

Ya no tenía que recorrer Singel nunca más. No porque me hayan echado, o he encontrado otro trabajo mejor, que me permita pagar la nueva casa con más holgura: nos hemos mudado. Aún no tengo las notas con los nombres de las calles que recorro, pero se que no es tan directo, serpentea, cruza puentes y varios barrios, alguna que otra arboleda y pequeños parques, siempre por el carril bici, elemento básico de la ciudad.

El apartamento es pequeño, tan pequeño que la luz lo inunda, con amplios ventanales. El barrio no es el más lujoso de la ciudad, está alejado, al sur, a las afueras de la ciudad. Está flanqueado por dos parques, Amstelpark De Oeverlanden. De Oeverlanden es gigante, sería un bosque en Alicante, es tan grande que tiene un lago, es tan grande que todas las veces que me he perdido volviendo a casa voy a parar allí, pero todavía no me atrevería a describirlo en su profundidad, siempre ha sido de paso. La naturaleza tan cercana hace que por la mañana se escuchen los pájaros, es un barrio modesto, a las afueras, pero no hay carreteras que lo circunden.

Ahora mismo, parece que para templar mi nostalgia, el sol ha salido, y con leve intensidad del norte calienta mi espalda.

La arquitectura de barrio residencial tiene un planteamiento diferente a la alicantina, edificios bajos, de tres plantas quizás cuatro, sin necesidad de grandes habitaciones, pero conscientes de la importancia del silencio y la luz, del entorno tranquilo y arbolado, donde crecen conejos y mil aves diferentes, siendo el cuervo y la urraca los más abundantes.

Hace poco un holandés me dijo que en Amsterdam había un problema de espacio, lo cual favorecía la burbuja inmobiliaria que se está creando. Creo que el problema radica en que hay un conflicto entre conciencia y economía, entre entorno y economía; el expolio de los espacios públicos está limitado, y parece que directamente a los constructores no se les ocurre ni proponer construir en una “zona verde” (dudo que tengan ese término).

Es un apartamento pequeño, el salón y la cocina anexionados, un cuarto de baño pequeño, pero con la ducha integrada en la habitación, donde solo cabe una cama y un armario. El detalle de la ducha en el dormitorio es peculiar, pero al final te acostumbras, y hasta te gusta tenerla tan cerca de la cama.

 

En cuanto a la vida fuera de casa, el domingo por la noche viví un momento memorable, una nueva experiencia. En el piso de arriba del restaurante tenía lugar una fiesta de ingleses. Empezó a las 4 de la tarde y cuando tenía que acabar, ellos no quisieron, y a la una de la mañana uno de ellos desató una pelea contra el portero, a partir de ahí la tensión fue en aumento, y cuando subí las escaleras alertado por el ruido lo único que pude comprobar fue un amasijo de hombres yendo de un lado para otro en piña, movidos por la inercia de la batalla.

Decidí que lo más sensato, al no poder reconocer amigos y enemigos, era echar a los rezagados y curiosos que se apelotonaban en la escalera. Fue una pelea western, donde no faltó ni el típico borracho que pasa toda la noche durmiendo y levanta la cabeza segundos después de la pelea y dibuja el cómico gesto: qué demonios ha pasado aquí.

No es una buena idea juntar alcohol e ingleses, menos un domingo, que es el día del señor.

Egipto y otros continentes

El jueves empecé a trabajar a las 15. El día ya tenía los visos de ser flojo, así que me entretuve charlando sobre Neederland y el barrio al que el día 1 nos mudamos. Entre las charlas llegó el jefe, uno de los jefes, egipcio copto, y repartió unos papeles entre todos los empleados, excluyéndome a mí. Al principio me sorprendió, luego me llenó de curiosidad, así que me acerqué a la cocina y le pregunté a Jeffrey, el dominicano, qué era aquello.

Era una convocatoria para una manifestación en la plaza Damm el sábado, en apoyo a las concentraciones masivas que iban a tener lugar en Egipto el día 30. Me había estado preguntando varias veces cómo vivirían los jefes los sucesos de su país, tan lejos ahora, y cuál sería la implicación, tanto anímica como política. Que fueran cristianos coptos me daba pistas, pero no la desvelaba por completo.

Al día siguiente, viernes, empezaba a trabajar a las 23. Mi primer club, dedicado a la música latina, para sentirse como en casa. Antes de ir a trabajar, por la tarde nos dimos una vuelta Chloe y yo por el barrio, por Harlemmerstraat, que la asociareis con el restaurante indonés, y que según la guía lonely planet, es uno de los lugares más cool en los que comer actualmente; ya me había dado esa impresión, aunque los precios son asequibles para todos los bolsillos.

No ibamos a cenar, solo comprar algo para picar y luego ir al supermercado, porque si vamos con mucha hambre, somos capaces de volver a comprar esas ensaladas mayonesosidas de pocos céntimos que te revuelven el estómago. Paramos en una quesería, que está al principio de la calle, y nos compramos un broodje kroketten, o bocadillo de croquetas. No os asusteis, no es como meter una croqueta en pan, es más como cubrirla de hojaldre y añadirle una salsa extraña, pero la croqueta no lleva bechamel, es de carne con algo más, de croqueta tiene el cubierto de pan. Es típico, había que probarlo, y además está bueno.

Estaba muerto de hambre, en otra quesería compramos un kip kerry broodje. Fruto de la diversidad cultural, y de haber integrado la cultura gastronómica de las antiguas colonias dutch, esta gente era capaz de vender pollo al curry cubierto de hojaldre, de nuevo. Dudo que sea algo típicamente enraizado en la cultura de los Paises Bajos, pero tenía pinta de estar bueno y ser exótico. Las dos sensaciones favoritas del viajero.

Para comer los dos manjares buscamos un lugar bonito, donde disfrutar de la vista. Amsterdam tiene las desventajas del mal tiempo, pero la ventaja de que si necesitas una buena vista, solo tienes que encaramarte a un puente y mirar los canales, disfrutar con los barcos y las múltiples aves, compartir la alegría de los viernes con los botes-festivos, donde jóvenes dutchs comparten la bebida conducidos por un adiestrado timonel. Así que, primero observando el canal de Singel, donde horas más tarde me empaparía con la lluvia nocturna intensa, y degustando el pollo al curry después en Korte Prinsengracht, disfrutamos de las vistas acuáticas y saciamos nuestro apetito.

Por la noche sondeé la asistencia a la concentración del sábado. Las voces no eran unánimes en cuanto a motivación, supongo que el jefe sí que estaría más comprometido, al haber lanzado esos panfletos. Aquella gente, mis jefes, y algunos trabajadores, eran cristianos coptos… había que ir en serio con ellos, eran una minoría resistente desde el siglo VII prácticamente, y habían quemado la Biblioteca de Alejandría, supuse que tal tradición histórica les habría convertido en auténticos seguidores de la palabra de Dios y Jesús, fieles a ella, luchadores incansables de la fe… horas más tarde, viendo como movían los culos allí las asistentes a la fiesta, me pregunté si actos como este estaban permitidos en los cultos coptos, y si promocionar aquel tipo de actividades era realmente cristiano.

Me parece que los coptos tienen las mismas inquietudes que los cristianos de occidente y los musulmanes africanos: dinero.

El dinero, ganarlo y no perder demasiado es lo que lleva a montar unos grandes mercadillos en NDSM-Werf (https://alicamsterdam.wordpress.com/2013/06/09/domingo/), parece ser que en origen es el primer fin de semana del mes, pero decidieron organizar por sorpresa uno el último. Es un mercadillo bestial, donde puedes encontrar desde una máquina de hacer pan hasta cuadros pintados por el propio vendedor, o chaquetas a un euro y rodillos para amasar o herramientas. La gente paga por montar su puesto y vender lo que tiene por casa. Es según su página web, el mercadillo más grande de Europa, y yo creo que también el único del mundo por el que hay que pagar una entrada: 4’5 euros. Debe haber un lucrado por ahí. En Neederland al final todos pagan. Aunque no sienta mal pagar ese dinero, dentro puedes encontrar buenos productos baratos y casi nuevos. La idea es parecida al mercadillo de Campoamor, solo que cuando levantas la vista de los puestos encuentras chicas rubias. Me llevé más de una sorpresa al transportar mi mente hacia el mediterráneo mientras caminaba por los estrechos pasillos que dejaban los puestos.

El sábado por la noche me tocaba club de nuevo, pero empecé a las 20. Esta noche la música era R&B, como me habían dicho, el público es principalmente negro, con lo cual llamaba mucho la atención un blanco gigante, neerlandés, que no paró de bailar en toda la noche, desde las 23:30 que llegó, hasta las 4 que cerramos. Tenía pinta de ser el más simpático de la reunión.

Me llamó la atención ver cómo gente tan distinta, entre la noche del viernes y sábado, hablaban el mismo dutch entre ellos. Lo que había logrado la multiculturalidad gracias a la inmigración es sorprendente, aquella gente estaba plenamente integrada en Neederland, o al menos eso parecía. El público blanco era fundamentalmente femenino, chicas gigantes en su mayoría, que alcanzaban fácilmente el 1’80; de hecho creo que el único blanco era el danzarín.

A mitad de la noche llegó el jefe, y se metió en la cocina. Me puse nervioso porque había escondido mi plato de spaguetti con salmón, que no había comido aún. Era raro, no salía de allí… A eso de las 4 encendimos las luces y entré para coger algunas cosas, entonces comprobé que, con su ordenador, estaba siguiendo en streaming las manifestaciones y protestas en Egipto, que han dado como resultado por ahora 16 víctimas mortales y un últimatum al presidente por parte del poder ejecutivo o ejecutor. Me impactó ver su preocupación, y dudé si era producto de su fe o de su conciencia política, y es que la sociedad neerlandesa es bastante xenófoba, sobre todo con los musulmanes, odio creciente, reflejado en la actitud de mi compañero criado en Holanda, nacido en España, de padres cuyos origenes son el Surinam, el cual me preguntó si yo era musulmán, entre amenazante y desconfiado, para añadir después: odio a los musulmanes. En ese momento pensé iniciar el debate en torno al respeto, la compresión y el amor entre los seres humanos, destacando que las religiones tienen un fondo humano pero el humano las desfonda y blablabla, pero no quería ser la voz de la conciliación, y en una actitud cobarde y poco comprometida, sonreí, dejando al odio sembrarse sin pudor, extendiéndose, enfrentando estúpidamente, para recoger muertos. Odiar es fácil porque no hay que  hacer un esfuerzo para no hacerlo, entender al otro es lo que lleva tiempo, esfuerzo y reflexión.

Al final el jefe abandonó la cocina, así que me interné silencioso, abrí el horno y volqué el plato en un táper, para devorarlo en casa. ¡A las cinco de la mañana es cuando mejor sienta la pasta!, viendo como el sol avanza sin obstáculos en la planicie de Amsterdam.