Open your mind

Hace exactamente una semana despedí a mis primos, en la que iba a ser la noche del inicio del invierno. Viento huracanado con lluvia creaba una cortina de agua desparramada hacia todos los lados, porque el viento de Amsterdam sopla en todas las direcciones posibles.

Por suerte mis primos llegaron con el último sol de verano, caliente aún, alcanzando temperaturas máximas de 29 grados, con un sofoco considerable e inesperado. Ahora el sol que entra por mi ventana no calienta, hay una temperatura exterior de 12 grados y en cualquier momento puede empezar a llover.

Para planear los cuatro días de recreo, tres, porque uno tenía que trabajar, recurrí a este espacio virtual. Así que una vez aterrizados desembarcamos en el eterno aliado de la tarde: https://alicamsterdam.wordpress.com/2013/07/16/entre-la-ciudad-y-el-bosque/. Si llegan dos alicantinos a una ciudad, hay que mostrar una de las pocas cosas que Alicante no tiene: verde sobre verde, y rubia sobre rubia. Atravesamos el bosque montados en las bicicletas, alcanzamos el campo de regatas para volvernos a internar en el bosque y acabar así en el lago, en una orilla diseñada para el baño, con escaleritas, borde de cemento y boyas delimitando la profundidad. Pedro y Pablo no dejaban de asombrarse con el entorno, y más cuando, de la nada, llegaron unos cincuenta dutchs, en su mayoría mujeres, que se disponían a practicar uno de esos juegos raros de viernes libre. Los holandeses tienen la manía de disfrazarse para salir de fiesta o de ocupar parques en actividades herméticas, regidas por normas que solo ellos conocen y disfrutan, así que mis primos, abotargados por el calor, se quedaron pasmados viendo llegar a decenas de rubias disfrazadas con telas de arpillera.

El grupo formó un cuadrado y empezaron a cantar. Ya perdió el interés y tras una lucha larga conseguí que se bañaran en el lago, helado para ellos, frío pero aceptable para mí. El lago era el final de un gran prado, y la tarde empezaba a caer rondando por los copos de los árboles, que cercaban la hierba. Los últimos niños gritaban a lo lejos. Se estaba tranquilo, pero llegaba el frío nocturno, así que nos largamos rápido. Mis primos por el camino de vuelta realizaban las primeras apreciaciones: esto es muy bonito y las tías están muy buenas. Intenté calmarlos, pero era demasiado tarde… estaban bajo el influjo de lo exótico: la rubia de metro noventa.

La parada obligatoria una noche del viernes era el Red Light District, o Barrio Rojo. Es ese famoso barrio donde las mujeres se exponen en escaparates para ofrecerse al cliente, una manera de vanagloriarse de la liberalidad de una nación a partir de la legalización de la prostitución, y a la vez un negocio derivado de los impuestos por realización de la actividad. Toda medalla tiene siempre un alfiler con que clavarse. Como en el caso de la legalización del cannabis. 

A Pablo se le notaba nervioso, agitado, no paraba de hablar y reír; Pedro en su salsa, activo, comentando cada una de las chicas, con parte de autocrítica necesaria en ese distrito: da un poco de cosa verlas ahí encerradas en exposición. Mientras Pablo miraba para todos los lados extasiado.

El Barrio Rojo tiene su origen prácticamente con el nacimiento de la ciudad. Amsterdam, puerto importante, era un ir y venir de marineros que habían pasado largos periodos en alta mar, y tenían bien claro qué querían al llegar a tierra: beber y follar. Desde tiempos inmemoriales era común la asociación de tabernero y prostituta para facilitar las actividades de ambos. Parece mentira que un país tan plano, tan ficticio, se haya armado tan bien. Desde su nacimiento se ha incorporado a la mecánica capitalista,  teniendo claro que lo que importa aquí es: sobrevivir. Ya de paso sobreviven bien. Son famosos por sus bancos, y para ellos todo tiene valor, y sino, se lo dan, incluso le dan valor al valor que dan. Giran la tuerca tanto, que ahora España me parece barata.

Hay en el Barrio Rojo un lugar secreto, secreto abierto a turistas. Es un pasillo en forma de cuadrado donde se abren varias habitaciones. En el quicio de la puerta esperan las prostitutas ofreciéndose en “carne viva”. Llama la atención porque es un continuo pasar de gente, tanto público masculino como femenino, intrigado por lo que encontrará. Mis primos lo cruzaron detrás mío, medio empujándome para que me diera prisa, pero reteniendo sus pasos y siempre con la vista atrás y la sonrisa clavada, comentando con finura lo atractivas que en su opinión eran aquellas señoritas. Decidimos para aportar información, preguntar el precio a la que nos pareció más atractiva. 50 euros 20 minutos. Todo son cifras en este mundo.

Del viaje mis primos estaban cansados, así que pronto volvimos a casa. A la mañana siguiente no tenía nada para desayunar que satisfaciera a mis primos, nos habíamos comido todo el pan, y por pereza no hicimos uno nuevo, así que lo único que había eran unas galletas y los cereales que Chloé había hecho, de avena, pasas, almendras… lo junta todo y lo pone en el horno con miel, es magia. No los saca de un paquete, ¡los saca del horno!, y están tremendos, nada parecido a los cereales de bolsa. La cuestión es que por X a mis primos no les gustan, mejor para mi, así que les convencí de que comieran galletas con sabor a speculo, la galleta típica de Holanda, y les induje a que debían prepararse para comer broodje haring, o bocadillo de pescado crudo con pepinillo y cebolla en vinagre. La negativa fue aplastante. Pero les dije algo que jamás olvidarán: Pablo, open your mind. Les hizo tanta gracia que se convirtió en el emblema del viaje, y gracias a ello pudimos cenar a las doce de la noche, comer a las cuatro, probar todo tipo de asquerosidades holandesas como la ensalada de patata, zanahoria y vaca con mahonesa o las patatas fritas con salsa oorlog.

El open your mind, sirvió también para que fuéramos a comer a un kebap holandés, un carrito a la entrada de un parque donde servían kebaps sin el mazo de carne colgando, lo cual nos inquietó a priori, pero… open your mind. Después pedimos la oferta de seis euros: carne con lechuga y tomate, patatas fritas y bebida. Sacó la carne ya cortada de una fiambrera y la metió en el horno… open your mind. Cuando lo preparaba vimos que nos metía la carne con la ensalada en un recipiente metálico, nos extrañó, pensamos que estaba preparándolo para meterlo en el pan, pero el plato era ese… open your mind. Ensalada con lecho de carne, aderezada con salsa de ajo con techo de patatas fritas aliñadas con salsa roja picante misteriosa, mahonesa y salsa de ajo (de nuevo)… aquello estaba siendo un open your mind en toda regla. Y rompió a llover. Tormenta de verano.

El mejor sitio cuando llueve es tu casa, pero el segundo mejor sitio cuando llueve es el Brouwerij’t Ij. A orillas de Ij, es un molino que ya no gira, pero ha sido convertido en cervecería de producción artesanal, y ¡a buen precio!, no como cualquier ser humano podría imaginar. Así que una vez bajo el toldo Pablo probó el sabor de otro open your mind, porque no le gusta la cerveza, pero esta vez tenía que beber. Fracasó el open your mind y acabé bebiendo dos. A Pedro no le apasionó.

Es una cerveza diferente, no tan gaseosa, y de sabores intensos, de hecho las cervezas industriales, que consumimos cada día hora tras hora, están endulzadas para que el main stream tolere su sabor… una pena. La gente debería open your mind para probar el sabor de lo auténtico. Es curioso como “el sabor de la auténtico” se ha convertido en un lema publicitario para vender lo falso.

La aventura de la perdición no había hecho más que comenzar… El sol volvió a brillar tras la lluvia, e incitado por Pedro, fuimos a un coffeeshop del que nos habían hablado el día anterior para probar un space cake, brownies muffins cocinados con chocolate/polen y marihuana, no mezclado, claro. Fuimos, lo compramos y planeamos la ingestión. Teníamos el estomago vacío, que dicen que es el mejor momento. Pedro y Pablo nunca lo habían probado, de hecho Pablo era un close your mind total en lo que se refiere al tema drogas, pero claro, la infalible llave que abre todas las puertas volvió a funcionar aquí: Pablo… open your mind. Abrió el mind, la boca, el estomago y todo, se zampó casi media magdalena de marihuana el solo. Reportando a la tropa un: coño si está buenísima. Pedro emocionado tomó también, y yo para acompañarlos. Paseamos, cogimos un ferry que nos cruzó a Amsterdam Noord, es el crucero por los canales barato, bueno, gratis. Y a las nueve, cuando  ya había pasado una hora, acudimos a la despedida de una compañera de trabajo en el bar de moda: el Hannekes Boom. Es un restaurante/bar a orillas del Ij de nuevo, muy cerca de la estación central y del molino. Decorado como un galeón, con cubierta de mando, de dos plantas, abajo se encuentra la barra y arriba un reciento abierto. Tiene anexionada una terraza alargada, así que da la impresión de barco.

Lo curioso del caso es que yo no me percaté de eso hasta que Pedro, pasada la hora y media de la ingestión de la magdalena , dijo: coño, me ha parecido que el barco se mueve. Le miré atónito… no estábamos en un barco… Parecía que el viaje iba a empezar, pero falsa alarma. La magdalena no hizo nada. Unas risas, más producidas por las ganas de que hiciera algo que por un efecto real… Después la gente de la fiesta se rió de nosotros por compartir una magdalena entre tres tíos hechos y derechos…

Al día siguiente de la “noche loca” tocaba “día culto”. Echamos una visita rápida a los museos, pero lo que cautivó su atención fue Vondelpark. El parque interurbano más grande de Amsterdam. Merecida visita para futuros viajeros.

Algo más profundo que el parque, más humano y más cercano a los gustos de Pablo fue: la calle Pieter Cornelisz Hooftstraat.

Situada muy cerca de Museumplein, alguna vez la había cruzado pero nunca caminé por ella. Sólo el olfato de Pablo podía encontrarla. En ella se dan cita las marcas más prestigiosas y caras, sobre todo caras, del mercado de la moda. El open your mind me lo tuve que tragar y pasear por allí viendo como exponían en aquellas tiendas monstruosos vestidos por miles de euros… Mi primo se activó ante el lujo y gracias a eso, con las fuerzas renovadas, pudimos continuar visitando la ciudad. Cabe decir que por la mañana se habían anulado sus sentidos, tuvo que probar el broodje haring, presionado por Pedro con las palabras mágicas y por el ambiente.

Albert Cuypmarkt. Este mercado, alejado del centro, es foco de pocos turistas y más autóctonos. Los bocatas de pescado crudo son auténticos, y mejor aún: baratos. Nos hicimos con un par de ellos, Pedro y Pablo lo probaron. Pedro se entusiasmo y se comió medio, el resto lo tuve que liquidar yo. Lo más sorprendente del lugar era que los gofres, o wafels, como les llaman ellos, estaban a un precio irrisorio. De nuevo nos hicimos con un par de ellos, Pablo estaba tan aturdido por el pescado crudo que decidió mantenerse al margen en la ingestión de grasas. También le estaba afectando ver camisetas del Real Madrid donde en lugar de poner el clásico Teca, o no se qué marca llevan ahora, ponía bien clarito: Real Madrid. En las del F.C. Barcelona ponía lo mismo, y así sucesivamente en las de diferentes equipos. 

Por la noche volvimos al Barrio Rojo, pasando otra vez por el pasillito y haciendo múltiples recorridos, revisamos algunas tiendas para souvenirs y nos planteamos la posibilidad de probar las patatas fritas con salsa oorlog, que se compone de mahonesa, salsa saté y cebolla partida. La mezcla suena explosiva. La probamos. Nada más que añadir.

Habíamos pasado casi cuatro días enteros juntos, pero nos encontrábamos sorprendentemente bien. Sin fricciones de convivencia. Pero todo lo bueno se acaba, se acababa el verano y la visita de los pichochos Pedro y Pablo, de los primos que han abierto el cupo de visitas y aún espero que pasen por aquí otros diez u once, perdí la cuenta de esta gran familia, perdonadme, aunque ya me he aprendido los nombres de todos, y, a pesar de ser tantos, que a veces pueden parecer lejanos, las ganas y el esfuerzo de todos nosotros han hecho que nuestra relación permanezca trenzada fuertemente, sin importar ser muchos y sin importar estar lejos, somos primos hermanos, hermanos primos, y sobre todo amigos.