Un día tras otro

Este es mi día de descanso después de trabajar durante nueve días en dos semanas. Este dato no es muy relevante si no tenemos en cuenta que trabajo 10 horas al día. Ahora si parece bastante agotador.

Mi trabajo consiste en organizar tours por la ciudad de Amsterdam, que empiecen a su hora, que todos los guías lleven el mismo número de personas, que todo salga según lo planeado y que la felicidad reine en el mundo. Por supuesto todos los factores juegan en mi contra: los guías, los turistas y las condiciones climáticas. Como todos los días son iguales, me tengo que esforzar por recordar en qué se diferencian, y aunque es fácil decir que la vida se compone de pequeñas cosas, pequeños momentos que hacen de tu día un día diferente, habría que anotarlos, leer muchos libros de Jorge Bucay y apuntarse a cursillos de auto-ayuda.

Me desperté más temprano de lo habitual y miré por la ventana. Se notaba que hacía bastante frío, dos grados marcaba el móvil, al que pronto llegarían las alarmas desde Alicante por las nieves. En Alicante, caribe tropical, un día te acuestas en la playa y al siguiente te despiertas en una estación de esquí. Nada es gradual. Aquí en Amsterdam te van avisando, cada día hay un grado menos y el descenso no para. Aquel día de la ventana y el frío alcanzamos dos grados de mínima, pero lo más alucinante era la niebla. Una niebla espesa cubría la ciudad, los ciclistas eran un bulto oscuro que engullía la blancura, atravesada por cuervos que aterrizaban en el manto rojizo de las hojas caídas, donde no se atrevían a caminar los pocos transeúntes por miedo a hundirse.

Recuerdo que eso marcó mi día, pero no sabría decir de memoria si era lunes, martes, jueves… ni explicar qué otra cosa diferente pasó. Pero aprendí a lo largo de estas dos semanas que la ignorancia y la estupidez es tan espesa como la niebla en la mañana; un poco tarde para aprenderlo, también lo opinó el guía del grupo en inglés cuando le dije: la gente está loca. Él me preguntó mi edad, para añadir: has tardado en darte cuenta.

Esta conversación tuvo lugar en medio del griterío histérico de un montón de adolescentes conglomeradas entorno a unas vallas, que asistían a la llegada triunfal de un carro de guerra victorioso que cargaba con la poderosa y archiconocida Khloé Kardashian. Feliz en mi ignorancia, pensaba que Kardashian sólo había una, pero deben mutar o algo por el estilo, porque yo de esta Khloé no había oído ni hablar.

Como tengo que ir y volver varias veces de la plaza Dam, que es donde estaba el sarao y el ambiente, porque la noble señorita iba a un centro comercial ubicado en la plaza, tuve el placer de observar todo el proceso de montaje y descomposición del acto.

10:40. Unas vallas formaban un amplio pasillo. Al lado de la puerta del centro comercial varios grupos de chicas jóvenes esperaban, entre las chicas vi algún joven de apariencia árabe. Nota: los chicos estaban solos. Mi rápida capacidad de deducción me dijo que probablemente se tratara de rebajas locas en la tienda que es de lujo, y los pacientes jóvenes iban a ser los primeros en pujar por los productos. De un golpe de vista, no alcancé a ver demasiadas rubias autóctonas dutch. En su mayoría eran de origen exótico, fruto de las colonias de las que he hablado varias veces.

Con el paso de los minutos el monto de individuos era mayor, chicas jóvenes emocionadas, la tensión crecía, y al circo se unían curiosos y turistas que oteaban el horizonte moviendo la cabeza de un lado a otro para hallar una explicación, buscando a alguna autoridad competente para preguntar, aún temiendo parecer cotillas o los clásicos curiosos que asoman la cabeza sin el miedo de parecer entrometidos.

Tres coches cruzan entre las vallas y se levantan leves gritos de ansiedad, la gente se pone nerviosa, los que estamos más lejos notamos el interés de los viandantes, que caminando lentamente se acercan al foco del sonido, que crecía progresivamente a tenor de las puertas de los vehículos abriéndose, cuando el grito se convirtió en un ruido estridente de niñas en estado de éxtasis o de gorrinos en el día de San Martín, los curiosos de pasos lentos corrieron para intentar ver con sus propios ojos qué Santa Teresa llegaba o ¡qué diablos estaba pasando allí!.

Los turistas que iban a participar en el tour y se acercaron al foco infeccioso volvieron con una sonrisa en la boca añadiendo el clásico: se ve que hay algún famoso o algo. Pues sí… se va a ver que eso pasa.

A eso de las tres los vehículos se alejaban por Damrak y la gente se desperdigaba, crucé entre la multitud para dirigirme al punto de reunión, una chica joven, de pelo rizado, piel morena, ojos rasgados y labios gruesos se agarraba las manos y con emoción en las pupilas decía: oh! god! did you see her? she is so beautiful. Creo que hablaba de la Razón. Aunque si lo piensas bien, no es tan criticable, aquellas chicas lo único que hacían era huir de lo cotidiano.

Para cerrar el ciclo de días record trabajados en una semana (seis de siete), Amsterdam, Holanda, los Países Bajos enteros, me organizaron ayer un evento mágico que celebra la llegada de San Nicolás al país, o Sinterklaas, una mezcla de Papá Noel y Santa Claus. El señor gordo que deja regalos. De hecho San Nicolás llegó a Nueva Amsterdam como el original Sinterklaas de toda la vida, pero al pasar a manos inglesas y ser Nueva York, este buen hombre se convirtió en Santa Claus, y ahora es, gracias a Coca Cola, el gordo de rojo que deja regalos por toda Europa. San Nicolás y Santa Claus se miran, son él mismo, en fechas distintas y apariencia diferente, y no comprenden muy bien las ironías que de vez en cuando deposita la Historia sobre la Humanidad. En España, bastión del catolicismo, celebramos San Nicolás la noche del 24 porque nació Jesucristo, ahí ya el pobre hombre, anciano y obeso, si que se hace un lío monumental, sin conseguir comprender qué tendrá que ver el nacimiento de aquel melenudo con su persona.

En este caso San Nicolás llega desde España, parece que el punto de partida es el puerto de Alicante, en un barco de vapor hasta Amsterdam, donde sobre su caballo blanco recorre los tejados de la ciudad dejando pequeños presentes en los zapatos de los niños, hasta el día 5 de Diciembre, que es cuando deja lo potente.

Sinterklaas no viene solo. Trae consigo a su compañero, ayudante y aliado, bueno… en realidad es un esclavo que recibe el nombre de Zwarte Piet, si amigos… Se llama Pedro, es un esclavo y es ¡negro!. La polémica está servida.

Atravesé Rokin con la bicicleta y vi vallas que impedían el acceso a las vías del tranvía, mi mente precoz dedujo que se trataba de otro acto público, y cuando llegué a la plaza ya tenían a medio montar un escenario. Los holandeses se lo toman así. Ellos necesitan un montaje espectacular para un evento como una cabalgata y en unas horas te despliegan un operativo brutal para finalizar en el menor tiempo posible, escenario, altavoces, tribuna, iluminación… sin hacer apenas ruido. Es magia negra, o trabajo creo. Porque además en el mismo día, cuando todo acaba, lo vuelven a desmontar en un momento dejando la calle tal y como estaba. Me eché las manos a la cabeza pensando que se trataba de otro festival tecno público y la plaza se iba a llenar de gente y ruido, haciendo imposible organizar adecuadamente los tours. En su lugar, la plaza se llenó de niños, canciones infantiles y blancos disfrazados de negros vestidos de pajes alegres y simpáticos. Peor de lo que imaginaba.

Ahí es donde nace la polémica. Los pajes/esclavos son negros, que eso ya no gusta en general, pero además, los pajes/esclavos son en realidad blancos con la cara pintada de negro. Voy a coger una foto de wikipedia para que os hagáis una idea:

 

zwarte piet

 

He escogido esta porque la cara de idiota es más o menos la que tienen todos disfrazados de “el mulato Pedro”.

Se han alzado varios sectores de la población alegando que esa tradición es racista porque el esclavo es negro, e inmediatamente después han respondido políticos insertados dentro de la tradición populista espetando que esa fiesta es parte fundamental de la identidad nacional, creo que se debería asumir también como identidad nacional las masacres realizadas por los países europeos en las respectivas colonias, sería más sencillo así adaptar como identidad nacional que un hombre viejo llega en barco de vapor a tu país y sobre un caballo blanco recorre los tejados de las casas, para que su esclavo negro, en su nombre, se ensucie de hollín atravesando las chimeneas para depositar en los zapatos malolientes de los rubios, guapos y fuertes blancos holandeses algún presente.

Mucha gente podrá pensar que se sacan de quicio algunas cosas y se dan vueltas de tuerca por la sensibilidad ante problemas como el racismo, y puede que, pensado fríamente y alejando las tradiciones de la panorámica actual, sea así, pero pensar fríamente y alejar el pasado del presente, no es algo que se le de muy bien al ser humano. Lo que también puede que suceda, es que el racismo siga latente en una sociedad que aparenta ser tan integradora como la dutch, expertos y notables cualificados para caminar en el linde entre lo que parece ser tolerancia y en realidad es lucro, o lo que es respeto y en realidad es falsedad.

Para eliminar la rutina de mis días, cuando tengo libre, voy a un rocódromo ubicado en Bos en Lommer, barrio que en el 2007 fue calificado como área conflictiva. Es un barrio pobre, donde vive gente pobre. Al rocódromo vienen de vez en cuando grupos de estudiantes de institutos cercanos, alumnos que viven en el barrio en cuestión, y entre ellos nunca verás un blanco tradicional, uno de esos blancos identitarios que se pintan la cara de negro para festejar que son esclavos por un día, como aún son esclavos los hijos de negros y mulatos reales que comparten trabajos basura y celebran de vez en cuando entre contratos precarios e integración fingida que viven libres, y como tal pueden disfrutar de gritar un día extasiados ante la llegada de una famosa que en vivo y en directo quiso demostrar que el porcentaje de sangre india que corría por sus venas era ínfimo, en comparación a la europea.

Un poco más de cultura, un poco más de educación y respeto, y la ignorancia se diluirá como la niebla al mediodía para liberarnos de falsos famosos, de estúpidas identidades y de fingidas naciones (nota: los adjetivos y los nombres pueden variar en el orden que el lector prefiera, valen para los tres).

Hace mucho tiempo

cuando aún era apenas un niño, oí hablar de un país muy lejano. Al principio, ese país estaba dotado de excelentes escritores que redactaban cuentos que luego yo reproducía para mi joven madre; más tarde, China se caracterizó por tener grandes cocineros que exportaban su tipo de alimentación, desarrollando una gastronomía barata aunque de no muy buena calidad, que pude saborear, conociendo además a su característica población. Ahora, y podríamos decir que estas han sido, en mi mente, las etapas en las que se ha desarrollado el país, China es poder.

La realidad es otra, China ha pasado por diferentes momentos, pero exposiciones temporales en Amsterdam sobre China sólo hay una: Ming. Keizers, kunstenaars en kooplui in het oude China (Ming. Emperadores, artistas y comerciantes de la antigua China). La dinastía Ming abarca desde el año 1368, suplantando a la mongol, hasta el 1644.

El inicio de esta dinastía es fascinante. En el 1368, Hongwu propuso crear comunidades rurales autosuficientes que no necesitasen involucrarse en el mundanal ruido de los grandes centros urbanos, colapsados por la corrupción y sistemas obsoletos que no generaban nada positivo, después mejoró las vías de comunicación para facilitar el movimiento de tropas, lo que llevó a una mejora de los transportes de alimentos, exactamente del transporte de excedente de producción de las comunidades rurales, que vendían y comerciaban con los alimentos que habían cultivado. Este empuje supuso un enriquecimiento general, bueno, general no, pero sí enriquecimiento. Lo que se tradujo en una delicada atención hacia las artes, sobre todo hacia la poesía, la caligrafía y la pintura.

La dinastía Ming, de trescientos años de duración, parece que tuvo su espejo en la Tang (618-907), una especie de renacimiento que iba a tener lugar en Europa, surgía en China de manera similar. Un lejano pasado glorioso, un presente prometedor, un futuro por construir. Una consigna muy alejada de nuestro presente.

Por suerte para las piezas pero por desgracia para todos, no se podían hacer fotos, ni siquiera sin flash. Imagino que los vigilantes de sala estarán hartos de ir detrás de la gente que no sabe quitar el flash, con lo cual directamente lo prohíben.

 

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Este ejemplo lo he arrancado de las garras de internet, son dos obras mostradas en la exposición. Muestra de virtuosismo técnico.

El jarrón pertenecía a las clases aristocráticas, en él introducían y conservaban el vino. Era una sociedad estrictamente jerarquizada donde el valor de sus obras trasluce su poder. La cabeza regente, el emperador, bebía y comía sobre porcelana, normalmente amarilla (color reservado a la casta dominante), mientras los funcionarios a su cargo dirigían guerras o invertían horas y horas en desarrollar la caligrafía, la poesía y la pintura. Todos los imperios, los grandes poderes, construidos sobre un mito, tienen que encontrar su identidad, construir su arte y su cultura. Pura ficción, pero andamiaje sobre el que edificar el bienestar que poco a poco iban adquiriendo, posibilitando la creación de una sociedad de consumo.

 

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Para unos ojos inexpertos como los míos, en nada se diferencian los largos pergaminos pintados de los murales sobre tela que tapizan todos los restaurantes chinos de Alicante, ni la decoración de linea azul sobre vajilla de porcelana de algún que otro plato de cerámica que tenía mi iaia sobre una estantería.

La clave de la similitud en toda la pintura china es que ha seguido una larga tradición, de hecho tiene nombre propio: guó huà, o pintura del país. 

 

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Esta imagen es de Zhang Xuan, y no estaba en la exposición porque data del siglo VIII, es decir, dinastía Tang, no Ming. La he escogido para que comprobéis la similitud con una de casi mil años después, y también para que hagáis bromas con la similitud del nombre al de San Juan.

 

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Esta otra si que pertenece a la dinastía Ming, al pintor Tang Yin. Uno de los más apreciados pintores chinos, tanto en su época como en la actualidad. La inclusión de texto es más o menos reciente, antes no estaba tan de moda escribir donde pintabas, pero superaron esa barrera, imagino que por la belleza de las letras, que requieren habilidad con el pincel.

Todo este rollo sobre pintura china, es porque fuera está lloviendo, y fui a ver la exposición porque aquel día también estaba lloviendo, y mañana, posiblemente, lloverá también, si no hay una tormenta de viento o caen bolas de granizo. Los holandeses se empeñan en llamarlo otoño, y es verdad que las hojas cubren completamente el suelo y los árboles anaranjados dejan ver un poco más de horizonte plano, pero está siendo uno de los inviernos más fríos que he vivido, y espero que se acabe mañana, como en Alicante, donde el invierno siempre acaba al día siguiente de haber empezado.

En cuanto a la cerámica y la porcelana de mi iaia, entendí en la exposición que China, aprovechando la admiración mundial por esas piezas y el creciente impulso comercial de las potencias occidentales, comercializó a escala global con aquellas ya que era el único país en producir una porcelana como esa, además de controlar la práctica de su decoración.

Fue a inicios del siglo XV, en la incipiente caída de la dinastía Ming, cuando lo que era una producción local y una comercialización de corta extensión se convirtió en un potente comercio internacional. Las clases altas, la aristocracia, sentía un irreprimible deseo de poseer aquellas maravillas, con lo cual se expandió el estiloso plato azul de porcelana. Mi iaia no pertenece a la aristocracia, ni data del siglo XVI, la cuestión es que con el tiempo se asoció el plato azul a la idea de riqueza y se adquirió ese estilo decorativo. Uno de los principales talleres de cerámica pintada estuvo localizado en Delft, ciudad holandesa, donde adaptaron además la iconografía al gusto y comprensión de la época. Los dragones se sustituyeron por figuras humanas y por una naturaleza más reconocible. Con el tiempo, todo el mundo quería tener un plato azul, así que sustituyeron la porcelana por un material más barato pero extrañamente seguía asociado a la idea de riqueza y esplendor, a lo exótico y valioso. Los platos que el tiempo no rompió son los resquicios de la admiración que sentían por la nobleza, sin saber quizás, que toda la riqueza que ellos admiraban era en realidad la de los burgueses de los Países Bajos en el siglo XVII. Una burgesía potente que había desbancado reinos autoritarios, que admiraba lo exótico y sentía placer por descubrir. Al final la mujer azul sentada sobre una roca con un cesto en la mano y flores y motivos abstractos flotando a su alrededor apoyada sobre la vieja estantería de mi iaia es la bandera de un sueño, de un espejo en el que se miraban nuestros antepasados, preocupados por un estatus, por un querer ser, por, a fin de cuentas, alejarse de la miseria de un país estancado que no tenía más remedio que ir a remolque de una Europa centralizada, poderosa y hegemónica.

La verdad es que aquellos platos son bastante feos. Hubiera preferido encontrar en su lugar reproducciones de obras como esta:

 

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Es sencillamente brutal. Obra de Lan Ying. La representación de la Naturaleza era una constante en la pintura china, en ella se refleja la admiración a lo salvaje, lo desmedido. En el año 1600 Lan Ying decidió pintar una cascada, que es lo único que no está pintado, pero observamos igual. Un claro dibujo, sin color, sin exceso en la representación, sin horizonte, sin fondo, tan solo una leve mancha oscura para representar una montaña, hace que desee estar allí inmediatamente, en la cabaña con el amigo en kimono.

Lo mejor de la pintura china es que al seguir una firme tradición, encontramos muchas de estas maravillas… ¡que no pude fotografiar!

La caligrafía, la poesía y la pintura son el potente trípode sobre el que se sostenía el arte de la dinastía Ming, pero China arrastra una lejana tradición literaria, ya lo decía mi madre respecto a sus cuentos. Y lo muestra Li Bai, poeta de mediados del siglo VIII, con su Sentado solo en la montaña Jin Ting:

Los pájaros se han ido, volando en bandadas
Se aleja, lentamente, una nube solitaria
Mirarnos el uno al otro no nos cansa
Solos tú y yo, montaña Jin Ting

La poesía tenía un papel principal en la vida cultural china, gran parte de pintores eran también poetas, tanto en la dinastía Tang como en la Ming.

Ahora que nuestra sociedad se va descomponiendo poco a poco tenemos la oportunidad de asirnos a nuevos referentes. No es una mala noticia que un canal de televisión sea una de las primeras cosas en caer, y tampoco sería mala idea aprender de nuestros amigos del Lejano Oriente. De hecho a ellos les debemos algo tan básico como la introducción de la pasta. Todo empieza cuando en China desarrollan la teoría de los cinco sabores y se esfuerzan por mezclarlos de manera que se consiga un sabor único e insuperable, en ese esfuerzo, crearon utilizando el trigo lo que hoy conocemos como pasta, lo cual sería descubierto por exploradores italianos que la utilizarían en Italia expandiéndola por toda Europa (al menos esta es la visión de los chinos).

Al final no iba tan desencaminado en mi idea de desarrollo del gigante asiático: escritores, cocineros y… Bueno, estaría mejor ver qué pasará en la siguiente fase histórica antes de adelantar acontecimientos. Por el momento quedémonos con lo bonito y recordemos con nostalgia los buenos años vividos, como una mujer que toca su flauta para regalar una triste melodía al tiempo pasado.

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