Hace mucho tiempo

cuando aún era apenas un niño, oí hablar de un país muy lejano. Al principio, ese país estaba dotado de excelentes escritores que redactaban cuentos que luego yo reproducía para mi joven madre; más tarde, China se caracterizó por tener grandes cocineros que exportaban su tipo de alimentación, desarrollando una gastronomía barata aunque de no muy buena calidad, que pude saborear, conociendo además a su característica población. Ahora, y podríamos decir que estas han sido, en mi mente, las etapas en las que se ha desarrollado el país, China es poder.

La realidad es otra, China ha pasado por diferentes momentos, pero exposiciones temporales en Amsterdam sobre China sólo hay una: Ming. Keizers, kunstenaars en kooplui in het oude China (Ming. Emperadores, artistas y comerciantes de la antigua China). La dinastía Ming abarca desde el año 1368, suplantando a la mongol, hasta el 1644.

El inicio de esta dinastía es fascinante. En el 1368, Hongwu propuso crear comunidades rurales autosuficientes que no necesitasen involucrarse en el mundanal ruido de los grandes centros urbanos, colapsados por la corrupción y sistemas obsoletos que no generaban nada positivo, después mejoró las vías de comunicación para facilitar el movimiento de tropas, lo que llevó a una mejora de los transportes de alimentos, exactamente del transporte de excedente de producción de las comunidades rurales, que vendían y comerciaban con los alimentos que habían cultivado. Este empuje supuso un enriquecimiento general, bueno, general no, pero sí enriquecimiento. Lo que se tradujo en una delicada atención hacia las artes, sobre todo hacia la poesía, la caligrafía y la pintura.

La dinastía Ming, de trescientos años de duración, parece que tuvo su espejo en la Tang (618-907), una especie de renacimiento que iba a tener lugar en Europa, surgía en China de manera similar. Un lejano pasado glorioso, un presente prometedor, un futuro por construir. Una consigna muy alejada de nuestro presente.

Por suerte para las piezas pero por desgracia para todos, no se podían hacer fotos, ni siquiera sin flash. Imagino que los vigilantes de sala estarán hartos de ir detrás de la gente que no sabe quitar el flash, con lo cual directamente lo prohíben.

 

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Este ejemplo lo he arrancado de las garras de internet, son dos obras mostradas en la exposición. Muestra de virtuosismo técnico.

El jarrón pertenecía a las clases aristocráticas, en él introducían y conservaban el vino. Era una sociedad estrictamente jerarquizada donde el valor de sus obras trasluce su poder. La cabeza regente, el emperador, bebía y comía sobre porcelana, normalmente amarilla (color reservado a la casta dominante), mientras los funcionarios a su cargo dirigían guerras o invertían horas y horas en desarrollar la caligrafía, la poesía y la pintura. Todos los imperios, los grandes poderes, construidos sobre un mito, tienen que encontrar su identidad, construir su arte y su cultura. Pura ficción, pero andamiaje sobre el que edificar el bienestar que poco a poco iban adquiriendo, posibilitando la creación de una sociedad de consumo.

 

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Para unos ojos inexpertos como los míos, en nada se diferencian los largos pergaminos pintados de los murales sobre tela que tapizan todos los restaurantes chinos de Alicante, ni la decoración de linea azul sobre vajilla de porcelana de algún que otro plato de cerámica que tenía mi iaia sobre una estantería.

La clave de la similitud en toda la pintura china es que ha seguido una larga tradición, de hecho tiene nombre propio: guó huà, o pintura del país. 

 

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Esta imagen es de Zhang Xuan, y no estaba en la exposición porque data del siglo VIII, es decir, dinastía Tang, no Ming. La he escogido para que comprobéis la similitud con una de casi mil años después, y también para que hagáis bromas con la similitud del nombre al de San Juan.

 

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Esta otra si que pertenece a la dinastía Ming, al pintor Tang Yin. Uno de los más apreciados pintores chinos, tanto en su época como en la actualidad. La inclusión de texto es más o menos reciente, antes no estaba tan de moda escribir donde pintabas, pero superaron esa barrera, imagino que por la belleza de las letras, que requieren habilidad con el pincel.

Todo este rollo sobre pintura china, es porque fuera está lloviendo, y fui a ver la exposición porque aquel día también estaba lloviendo, y mañana, posiblemente, lloverá también, si no hay una tormenta de viento o caen bolas de granizo. Los holandeses se empeñan en llamarlo otoño, y es verdad que las hojas cubren completamente el suelo y los árboles anaranjados dejan ver un poco más de horizonte plano, pero está siendo uno de los inviernos más fríos que he vivido, y espero que se acabe mañana, como en Alicante, donde el invierno siempre acaba al día siguiente de haber empezado.

En cuanto a la cerámica y la porcelana de mi iaia, entendí en la exposición que China, aprovechando la admiración mundial por esas piezas y el creciente impulso comercial de las potencias occidentales, comercializó a escala global con aquellas ya que era el único país en producir una porcelana como esa, además de controlar la práctica de su decoración.

Fue a inicios del siglo XV, en la incipiente caída de la dinastía Ming, cuando lo que era una producción local y una comercialización de corta extensión se convirtió en un potente comercio internacional. Las clases altas, la aristocracia, sentía un irreprimible deseo de poseer aquellas maravillas, con lo cual se expandió el estiloso plato azul de porcelana. Mi iaia no pertenece a la aristocracia, ni data del siglo XVI, la cuestión es que con el tiempo se asoció el plato azul a la idea de riqueza y se adquirió ese estilo decorativo. Uno de los principales talleres de cerámica pintada estuvo localizado en Delft, ciudad holandesa, donde adaptaron además la iconografía al gusto y comprensión de la época. Los dragones se sustituyeron por figuras humanas y por una naturaleza más reconocible. Con el tiempo, todo el mundo quería tener un plato azul, así que sustituyeron la porcelana por un material más barato pero extrañamente seguía asociado a la idea de riqueza y esplendor, a lo exótico y valioso. Los platos que el tiempo no rompió son los resquicios de la admiración que sentían por la nobleza, sin saber quizás, que toda la riqueza que ellos admiraban era en realidad la de los burgueses de los Países Bajos en el siglo XVII. Una burgesía potente que había desbancado reinos autoritarios, que admiraba lo exótico y sentía placer por descubrir. Al final la mujer azul sentada sobre una roca con un cesto en la mano y flores y motivos abstractos flotando a su alrededor apoyada sobre la vieja estantería de mi iaia es la bandera de un sueño, de un espejo en el que se miraban nuestros antepasados, preocupados por un estatus, por un querer ser, por, a fin de cuentas, alejarse de la miseria de un país estancado que no tenía más remedio que ir a remolque de una Europa centralizada, poderosa y hegemónica.

La verdad es que aquellos platos son bastante feos. Hubiera preferido encontrar en su lugar reproducciones de obras como esta:

 

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Es sencillamente brutal. Obra de Lan Ying. La representación de la Naturaleza era una constante en la pintura china, en ella se refleja la admiración a lo salvaje, lo desmedido. En el año 1600 Lan Ying decidió pintar una cascada, que es lo único que no está pintado, pero observamos igual. Un claro dibujo, sin color, sin exceso en la representación, sin horizonte, sin fondo, tan solo una leve mancha oscura para representar una montaña, hace que desee estar allí inmediatamente, en la cabaña con el amigo en kimono.

Lo mejor de la pintura china es que al seguir una firme tradición, encontramos muchas de estas maravillas… ¡que no pude fotografiar!

La caligrafía, la poesía y la pintura son el potente trípode sobre el que se sostenía el arte de la dinastía Ming, pero China arrastra una lejana tradición literaria, ya lo decía mi madre respecto a sus cuentos. Y lo muestra Li Bai, poeta de mediados del siglo VIII, con su Sentado solo en la montaña Jin Ting:

Los pájaros se han ido, volando en bandadas
Se aleja, lentamente, una nube solitaria
Mirarnos el uno al otro no nos cansa
Solos tú y yo, montaña Jin Ting

La poesía tenía un papel principal en la vida cultural china, gran parte de pintores eran también poetas, tanto en la dinastía Tang como en la Ming.

Ahora que nuestra sociedad se va descomponiendo poco a poco tenemos la oportunidad de asirnos a nuevos referentes. No es una mala noticia que un canal de televisión sea una de las primeras cosas en caer, y tampoco sería mala idea aprender de nuestros amigos del Lejano Oriente. De hecho a ellos les debemos algo tan básico como la introducción de la pasta. Todo empieza cuando en China desarrollan la teoría de los cinco sabores y se esfuerzan por mezclarlos de manera que se consiga un sabor único e insuperable, en ese esfuerzo, crearon utilizando el trigo lo que hoy conocemos como pasta, lo cual sería descubierto por exploradores italianos que la utilizarían en Italia expandiéndola por toda Europa (al menos esta es la visión de los chinos).

Al final no iba tan desencaminado en mi idea de desarrollo del gigante asiático: escritores, cocineros y… Bueno, estaría mejor ver qué pasará en la siguiente fase histórica antes de adelantar acontecimientos. Por el momento quedémonos con lo bonito y recordemos con nostalgia los buenos años vividos, como una mujer que toca su flauta para regalar una triste melodía al tiempo pasado.

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