I. Historia de los Países Bajos y del Arte (1350-1550)

Para realizar un aterrizaje intelectual en los Países Bajos no hay nada mejor que visitar el Rijksmuseum un domingo, en el que se dan cita turistas y autóctonos, paseantes de domingo que, ante el frío exterior, escogen el museo como plaza fuerte.

Como era prácticamente imposible acercarse a alguna obra o tomar fotos en toda su extensión, decidí extraer fragmentos de obras que me interesaran para contar con extrema brevedad la Historia de los Países Bajos y del Arte del periodo de la pieza fotografiada. Básicamente 300 años a través de tres mujeres.

 

Virgen con niño Normandía, c. 1350

Virgen con niño
Normandía, c. 1350

 

Cuando nuestro amigo y escultor anónimo pegaba los últimos cincelazos a esta adorable María coronada sosteniendo a Jesús, a varios kilómetros de Normandía unos cuantos aguerridos holandeses aguantaban como podían los saqueos de pueblos vikingos y ganaban a base de esfuerzo, terrenos al mar, desecados con la fuerza de los molinos de viento.

La paz, el amor y la ternura que desprende María en esta representación se aleja de la imagen de un Dios severo, vengativo y castigador que tan bien había venido siglos atrás, los ánimos se calmaban entre los devotos y fieles, como también lo hacían los Amsterdamers, que debieron agradecer tremendamente la inclusión en la Liga Hanseática. Europa era una maraña de ducados, condados y reinos independientes, de ellos, un grupo decidió unirse en liga con dos objetivos: favorecer el comercio y garantizar la seguridad frente a la piratería y posibles invasiones; con el tiempo la liga se amplió, aceptando a la ciudad de Amsterdam como parte de la misma.

Los holandeses demostraron un gran visión comercial y turística ya en aquellos tiempos. La peregrinación a Tierra Santa era una actividad económica fuerte, miles de personas que viajaban hacia un destino con vocación religiosa también gastaban miles de euros. Se trenzaron caminos por toda Europa hacia Roma, por ejemplo, de la cual Amsterdam quedaba algo lejos. Para afrontar el problema de la lejanía con Roma y así beneficiarse también de las bondades económicas del peregrinaje, ocurrió, casualmente, un milagro: el milagro de la Eucaristía. Leyenda resumible: una hostia sagrada no se quema y cuando la mueven vuelve al lugar en el que apareció, todos estaban maravillados, un hombre la coge y la tira al agua. La hostia se pierde, matan al hombre y a partir de aquel día organizan una procesión silenciosa allá por el mes de Marzo.

La cuestión es que atrajo peregrinos y con ellos… dinero.

La progresiva humanización de la Virgen María y en general de todos los integrantes religiosos tuvo su máxima expresión cien años más tarde. El famoso Renacimiento italiano supuso para artistas de la época e intelectuales un afán por regresar a la grandeza del arte Clásico. Las conocidas esculturas blancas de gente desnuda.

Así que por ahí nos encontramos la lucha de creadores por interpretar fielmente la Naturaleza, imprimiendo en sus obras vivos retratos. La espiritualidad religiosa del arte medieval queda relegada a favor del interés por el estudio de la Naturaleza como tal, a pesar de que los motivos iban a seguir siendo religiosos por varios años más.

 

Virgen de la Humildad Fra Angélico C. 1440

Virgen de la Humildad
Fra Angélico
C. 1440

 

Fra Angélico era el Miguel Ángel de la época. Fraile dominico, legó a la eternidad impresionantes obras, delicadas y piadosas. Sin duda esta me parece una de las Madonnas más excepcionales de la historia de la pintura. No sólo por el suave y virtuoso trazo, si no por la selección astuta de colores suaves, que aportan una viveza y hermosura únicas. Una atmósfera de fe que te obliga a creer. Una captación de sensaciones maternales tan perfecta, que parece haber sido pintado por una mujer.

El Renacimiento no tardó demasiado en expandirse por toda Europa, pero antes…

Los Países Bajos pertenecieron durante un buen rato largo al Ducado de Borgoña. Famosos vinos. Ducado poderoso que extendió sus posesiones hasta abarcar lo que hoy conocemos como Países Bajos. En ese momento por estas tierras húmedas y planas hacían sus peripecias artísticas los hermanos Van Eyck y Roger Van der Weyden.

Me resulta difícil imaginar el surgimiento de una pintura como la de Fra Angélico en una tierra como esta, quiero pensar que el monje dominico pintaba bajo el sol de la toscana dejando entrar por la ventana abierta la ligera brisa con frescos olores de hierbas aromáticas, que además aliviaban el calor gustoso de la bella Italia. 

La cuestión es que el Duque de Borgoña confirió sin quererlo cierta identidad al territorio que conocemos ahora como Países Bajos al crear los Países Bajos Borgoñones. Y es que ante la ferviente independencia de las ciudades-estado el Duque no tenía capacidad de lucha. Todo intento por cambiar parte del derecho, costumbres o modos de vida de las provincias era contrarrestado con violentas protestas apoyadas por los nobles locales, así que ante la voluntad por parte del Duque de, al menos, cobrar los impuestos de estas ciudades, formó los Estados Generales de los Países Bajos; las 17 provincias neerlandesas con representación de los tres estados: nobleza, clero y burguesía.

El principal artífice de esta trama es un hombre que creo que se debe destacar: Felipe III de Borgoña, también conocido como Felipe el Bueno y Gran Duque de Occidente, por la cantidad de tierras que poseía. Es famoso porque sus tropas capturaron a Juana de Arco, gastó el 2% de la fortuna recaudada durante dos años en ropa y el principal proveedor de productos de lujo, tanto para él mismo como para toda Europa, se encontraba bajo sus dominios y era precisamente: Holanda.

La desaparición del ducado de Borgoña en el 1477 fue un golpe de suerte para el archiconocido Carlos I de España y V de Alemania. Su abuela María de Borgoña se casó con Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, del vientre expulsó a Felipe el Hermoso, el cual con sus dotes conquistó a Juana la Loca y engendraron al que sería emperador del imperio de ultramar.

 

Sagrada Familia Jan Cornelisz Vermeyen c. 1528-1530

Sagrada Familia
Jan Cornelisz Vermeyen
c. 1528-1530

 

Sorprende encontrar tras el paso de los años a un Jesús adulterado cuya madre ya no mira con ternura, más bien busca con ahínco la mirada del espectador en una súplica de ayuda quizás en caso de que al niño le de por ponerse tonto.

Parece que la mímesis entre realidad y creación ya estaba superada, pero con el paso de los años los artistas encontraron más modelos de la Antigüedad en los que basarse y además centraron sus trabajos en el reflejo de la anatomía, de la torsión, de la tensión corporal y de la musculatura.

El descubrimiento del Laocoonte junto al de la imprenta hizo mucho daño al chulito de gimnasio. En poco tiempo todo el mundo quedó fascinado por la increíble musculatura del hombre devorado por la serpiente marina, Miguel Ángel trabajó duramente para imponer a sus obras ese cuerpo 10 con el que todos soñamos, y nuestro amigo Jan tuvo el placer de verlo.

De esa manera se justifica la monstruosa figura musculada del niño Jesús, en un esfuerzo pictórico por demostrar no sólo de lo que es capaz sino también de lo bien que conoce la anatomía humana. Además los artistas holandeses sentirán gran placer por deformar de manera flagrante y deliberada la realidad; en otros casos no tendrán rival en cuanto a la calidad del retrato, de hecho en la pintura de la Sagrada Familia sería muy probable que la Virgen se correspondiera con una mujer real.

Un día que Jan observaba varios soldados de las tropas de Carlos V entrenando en un campo cerca de Amsterdam mientras protestaban por la eliminación de sus derechos dutch y la anexión a los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico, debió pasar por su lado el mismísimo emperador, el cual decidió, al ver sus obras, que sería un buen pintor para la expedición militar a Túnez, conocida como la Jornada de Túnez.

El hispano alemán, figura principal de la Historia de Europa, se lleva al holandés a pintar por el mundo, curiosa coincidencia nos brinda la Historia y el Arte en este primer capítulo de Historia de los Países Bajos y las artes plásticas…

San Valentín (i)

El 14 de Febrero celebramos el amor sin medida, para ello unimos alimentos que, de una manera u otra forman el puzle de la Europa común. Un puzle un tanto complejo para los años que corren de alarma social sobre inquisitoriales leyes reguladoras de inmigración. La celebración unió en nuestra mesa el afrutado vino francés y el sabroso queso apoyado en un típico pan holandés, dulce, oscuro, cubierto de pepitas de sésamo y rellenado con nueces, avellanas y pasas.

Hace unos días me llegó la noticia de que en Bruselas ya empezaban a echar a españoles en paro, un overbooking territorial y monetario para así librarse del pago de ayudas por desempleo y demás políticas sociales que el gobierno belga adoptó de manera generosa hace unos años, y que ahora se tuercen por la supuesta falta de recursos. Supongo que la cuestión será algo más compleja. Lo que es simple es que involuntariamente, con el paso del tiempo, la pobreza y el paro están haciendo mella en una Europa antaño sede de riqueza y prosperidad, generando una clase social nueva para nosotros, aunque no para la Historia, los pobres, que crecen y se desarrollan ocupando toda la paellera como granos de arroz.

La paella. Reina y plato principal en nuestra noche romántica.

Escogí un arroz sencillo: pollo y conejo. El primero descansaba pacientemente en nuestro congelador, y el segundo temí que fuera una caza compleja, siendo al final una adquisición fácil en un puesto del mercado de Albert Cuyp, en de Pijp, donde adquirí los demás ingredientes excepto uno.

 

Nyora

Nyora

 

Aquellos que no puedan reconocerlo al instante elucubrarán con toda serie de verduras derivadas del pimiento, similares a algo procedente de su tierra pero, me atrevería a afirmar, con un sabor completamente diferente a la de esta variedad de capsicum annuum. 

Si tenemos que hablar de patrias y orígenes me planto en la ristra colgante de ñoras que cuelga de toda cocina alicantina, en su sabor se esconde la patria de mi infancia.

Aún hoy es para mi el refugio de todo lo exótico que supone un sabor amargo en su piel y dulce en la escasa carne pegada a sus paredes. La nostalgia por mi tierra la siento de verdad en todas las historias que se han trenzado alrededor de este producto. Una tarde cuando probé la pericana al sol de verano nunca me imaginaría esperar en Amsterdam unas nieves que nunca acaban de llegar, y es que lo que se suponía un invierno crudo, de vientos gélidos y nieves permanentes se disuelve en temperaturas que con esfuerzo tumban el termómetro a cero grados y lluvias perfectamente sincronizadas en turnos de sol, nube y agua, que la convierten en un agente atmosférico no tan molesto como los guardias civiles que disparan a nadadores inexpertos en orillas africanas. Agua, autoridad y lucha podría ser el precoz primerizo resumen del nuevo siglo XXI.

La ñora ocupa en el mapa de la cocina de aquí, bueno, de allí, un rincón secreto, con poca luz y húmedo que arruga aún más su piel. La ñora sería una patria de la que no pueden echarte nunca, siempre hay trabajo en la ñora, encontrar su carne, extraer concentrado la dulzura de los primeros bocados amargos y desagradecidos, hervirla, freírla…, esconderte en el relieve pronunciado y sus cavidades también es una opción para inmigrantes perdidos.

 

Nyora II

Nyora II

Edam y Volendam

El segundo viaje

Cuando, aunque sea con una bicicleta, diriges tus pedaladas hacia el norte, este acto, te aleja un poco más de Alicante.

Desde que llegué a Amsterdam, hace algo más de seis meses, no he pasado más de cuatro días en las Españas, donde tantos conflictos afloran últimamente; así que sólo por los manipulados periódicos, el cuestionable facebook y los comentarios por whatsap de los amigos puedo intuir la situación, cada vez más dramática y a la deriva, de la sociedad española. A raíz de este pensamiento me percaté de que había sido algo injusto con los Países Bajos cuando, subidos en el ferri gratuito que cruza la bahía del Ij, miré a mi alrededor para observar en los rostros inexpresivos de los navegantes una multitud de procedencias, razas y culturas. Que luego la sociedad distribuya a todos, como Noé en su arca, en función de especie y clase social es otro asunto, porque la realidad es que Nederland te acoge, te respeta y te ofrece una oportunidad, te cobra también, pero en fin…

Tuvimos la suerte de que amaneció soleado y apenas soplaba un viento ligero desde el Sur, trayendo inesperados aromas mediterráneos de luz brillante y sol caliente, y aunque no queríamos repetir la ruta de todos los días para ir al trabajo lo hicimos, por la necesidad de atravesar la ciudad para llegar al Norte y es que en esas latitudes se ubican los famosos pueblos queseros: Edam y Volendam, que, pese a ser visita obligada, nos faltaban en la lista.

Este domingo el viaje iba a ser algo más largo, pero avanzábamos deprisa. Chloé se dio cuenta gracias a las múltiples corrientes de agua que el viento jugaba a nuestro favor, y que si la ida había sido rápida e indolora, con una feliz llegada, el regreso no sería tan sencillo porque tendríamos el viento a nuestra contra, era algo parecido a haber emigrado hasta Amsterdam. A pesar de todo, el trayecto no circundó esta vez pegado a una carretera, sino que, como yo esperaba, recorría campos, prados extensos donde comían las aves y pacían ovejas, apuntalados en el horizonte por campanarios, que hacían de eje en el infinito que alcanzábamos al rato de pedalear.

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Siempre me ha fascinado viajar atravesando pueblos, sueles llegar más tarde a tu destino, pero al menos conoces mejor la tierra que recorres. La que recorríamos en este caso es conocida como Waterland, para evitar complicaciones e ironías, nombrado así siguiendo el mismo proceso que la iglesia grande de Edam, que recibe el mismo nombre: Grote Kerk, es decir: iglesia grande.

Si Holanda entera podría llamarse Waterland, sobre todo para un mediterráneo de climas desérticos, Waterland es como una especie de broma amarga a sus habitantes, orgullosos de haber luchado contra algo tan poderoso como el mar hasta vencer terreno en el que cultivar; como venganza, el Mar del Norte inunda parcialmente la tierra creando algo parecido a un charco o a un permanente barrizal. Esa fusión de agua y tierra, tan cercana y controlada, crea pueblos como Broek in Waterland, diminuto pero paradigma de la arquitectura y el urbanismo adaptado a la difícil situación de la zona.

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     En las inmediaciones del mismo pueblo, literalmente dentro del agua, descubrimos la mayor cadena de casas barco que haya visto nunca. Además, gracias a la costumbre exhibicionista de los holandeses podíamos comprobar que sus habitantes no eran pobres sin tierra, sino excelentes y acaudalados decoradores de interiores, siempre tan bien cuidados y ostentosos (los interiores, no los decoradores).

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Nos abstuvimos de tomar fotos de los interiores para evitar problemas con la justicia

     Para cruzar el canal, cada casa tiene una embarcación privada, y en algunos casos también una plataforma atada con una cadena que se desliza a través de dos postes que se observan desde cada orilla, de manera que la tensión en un lado del mismo hace circular el aparato. Una especie de ascensor horizontal.

     Edam

     Nos aguardaban seis kilómetros de recorrido aún que circularon entre prados embarrados y un riachuelo que nos separaba de las ovejas.Como siempre en Holanda, avanzar recto hacia delante, sin curvas más que para acceder al pueblo: Edam, nuestro primer destino, el más alejado del sur.

Edam es un pueblo pequeño que fue puerto ballenero, cuyos habitantes más jóvenes me recordaron a los de Santa Pola, así que deduje que todos los niños de los pueblos pesqueros deben parecerse en la actitud. Niños de diez años con peinados chulescos, que comían golosinas como una especie de reto a una aparente y ficticia prohibición, que los situaba como reyes en la escala social, mientras además hablaban con el manos libres de móviles caros y de última generación. Eran algo así como las desventuras sociológicas de un pueblo dedicado a la pesca y al turismo. Aunque el domingo, por ser temporada baja quizás, las calles estaban más bien vacías para nuestro placer y esparcimiento.

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     Supongo que en el siglo XVI esas lindas criaturas habrían estado trabajando en uno de los 33 astilleros del pueblo, lo cual no digo que esté bien, o, por ser domingo, rezando en la Iglesia de San Nicolás, uno de los patrones de los marineros, al cual se le dedica normalmente una iglesia en los pueblos pesqueros.

Es curioso y cabe mencionar que el nombre Edam, procede de E, que era el nombre del río con el que linda, y Dam, que es presa. En el anterior post descubrimos que el río de Muiden era el río A, hasta que cambió de nombre. Comprendemos así mejor porqué la iglesia más grande se llama Iglesia Grande.

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     La siguiente iglesia que encontramos en el pueblo no sé cómo se denomina ni a quién está dedicada, pero me gustó la foto, y siguiendo la buena lógica del holandés, debe ser conocida como Iglesia Estrecha o Iglesia Pequeñita supongo.

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Aves volando alrededor del campanario siempre dan una visión terrorífica…

     Edam es una ciudad que sin su mercado de quesos, que se celebra los miércoles desde Julio hasta mediados de Agosto, se queda un poco solitaria y, en cierta manera, aburrida. Pasear por las calles de casas bajas está bien durante un rato. Descubrir un puente estrecho, variados tipos de embarcaciones y gran afición felina es entretenido, al menos se respira ambiente menos rabiosamente turístico que en Volendam, y las familias autóctonas pasean, caminando o en bicicleta, atravesando el cementerio. Al contrario que en España, gran parte de cementerios en Nederland se insertan en el pueblo, y la gente, aunque no vaya a visitar a amantes, familiares o amigos, pasea sin complejos ni supersticiones por sus senderos, que suelen limitar el perímetro de la iglesia, a la cual está adherido el camposanto.

Ciclo tormentoso de fotografías de Edam:

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Gato

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            Amor a los gatos

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Puente estrecho

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Edam

     Volendam

     Volendam es el hermano malo de Edam para quien busca paz y tranquilidad. Ya se intuye al cruzar la frontera imaginaria que separa ambos pueblos, unidos por la expansión urbanística.

En la oficina de información y turismo la encargada te recibe con el traje típico nacional. Una mujer, en nuestro caso, ya adulta, mayor, digna, alta y seguro que guapa en sus tiempos mozos, vestida de holandesa típica con una dignidad irrevocable y un orgullo natural, que hacía que al entrar no te espantaras o te rieras sin parar imaginando en Alicante una igual vestida de Fallera o Bellea del Foc, de hecho al entrar ni siquiera nos percatamos del traje hasta que se dirigió a nosotros, con lo cual el factor sorpresa no tuvo tanto efecto. Fue un proceso gradual.

Educada y simpática nos indicó dónde podríamos comer el plato típico: pescado, merluza rebozada, con patatas fritas; y también dónde encontraríamos los puestos en los que fotografiarnos con la vestimenta típica de Nederland. Una cosa es que hubiera hecho las paces con Amsterdam, y agradeciera la hospitalidad de esta tierra acuosa, pero someterme a la fanática tortura de vestirme de holandés era un paso que no estaba preparado para dar, ni como inmigrante, ni como turista.

La calle turística principal de Volendam es un paseo marítimo, donde se alternan los locales de foto con vestido tradicional y los restaurantes, creo que para mi sorpresa había igual número de ambos. La mujer nos prometió que todos los restaurantes tenían la misma calidad, así que tomamos como referente aquel en el que vimos que metían el pez en el microondas para servirlo recalentado, nos inclinamos entonces por el más barato, en una búsqueda que nos llevaría a un puesto ambulante de bocadillos de pez, donde por 6.5 euros comías la merluza en pan y un poco de bacalao rebozado, kibeling (salsa de ajo gratuita). Las patatas las compramos en otro puesto. Confeccionamos a nuestra medida el plato tradicional de la manera más económica posible… y fría, porque la tomamos frente al mar (idílica escena) rodeados de gaviotas, mientras las nubes tapaban el sol y se levantaba un fuerte viento desde el sur, que dificultaría, aunque no demasiado, nuestro regreso.

En Volendam las aves tienen menos miedo que en cualquier otro paseo marítimo, las gaviotas se acercan peligrosamente a tu comida en descensos en picado o mantienen un vuelo estable a escasos metros de tu cabeza batiendo las alas y graznando hambrientas. También los turistas graznan hambrientos, es verdad, pero al menos no lo hacen sobre tu cabeza o intentan comerse tus patatas fritas (que no estaban muy buenas, por cierto).

     Esa unión turista-gaviota es, desde mi punto de vista, uno de los grandes atractivos de Volendam, sintetizado en la increíble imagen que uno de los visitantes tomó de su compañero de viaje. Este, confiado, se subió a un banco después de haber comido, y con los brazos alzados y en cruz, fingía tener algo de comida en las manos, frotándose el dedo índice y pulgar en algo que parecía el signo del dinero, al cual acudían las cientos de gaviotas, que lo rodeaban ansiosas entre graznidos potentes, algo incrédulas ante el hecho de que aquel tipo, que reía, estuviera haciendo algo tan estúpido. Parecía que le gritaban con visible enfado algo como: vístete de holandés y déjanos en paz, idiota!… 

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Vista desde el “restaurante”: Isla de Marken (¿próximo destino?)