II. Historia de los Países Bajos y del Arte (1550 – 1700)

Venus urging Cupid to shoot his arrow at Pluto Roelant Savery c. 1615-1620

Venus urging Cupid to shoot his arrow at Pluto
Roelant Savery
c. 1615-1620

 

 

Se acabó lo bueno, las Vírgenes de piedra y los niños musculados se relegan para dar paso a lo que vemos arriba. Una posible traducción del título de la obra sería: Venus instando a cupido a disparar su flecha contra Plutón. 

A tiro hecho, como la flecha, es difícil comprender qué pasa en la escena; y esa será una característica importante del arte del siglo XVII. La incansable lucha de los pintores de años anteriores por dignificar un Arte que, en un principio, se mezclaba con la artesanía, condujo a elaborar obras que exigían un background, un poso intelectual que no toda la población tenía.

La obra, realizada en tiza negra y roja por el belga Roelant Savery, representa a una mujer y un niño. Casi como una Virgen con su hijo, pero en este caso una diosa de la Grecia Clásica. En el siglo XVII cambian los gustos, cambia la función del Arte por lo que supone también un cambio en los mecenas, clientes y público. El interés surgido durante el Renacimiento por la Antigüedad se expande hacia toda Europa gracias a la imprenta, creando así una de las principales fuentes iconográficas: Las Metamorfosis de Ovidio, a la cual pertenece el detalle mostrado. Numerosas fueron las ilustraciones que acompañaban a las múltiples ediciones de las Metamorfosis.

Aunque he querido desvincular obras y artistas de la Historia de los Países Bajos, es imposible no trenzarla, ni que sea por accidente, en este siglo, debido a la extraordinaria prosperidad que vivieron los Países Bajos. De hecho en el piso dedicado al siglo XVII en el Rijksmuseum es difícil encontrar obras de autores no neerlandeses.

Un ejemplo es el del artista creador de la imagen: Roelant Savery. Huyó con su familia en el año 1585 de los territorios ocupados por la corona española en los Países Bajos. Hacía tiempo que Carlos V, emperador ejemplar, había muerto cediendo el trono a su hijo Felipe II, que a duras penas contenía un Imperio que se resquebrajaba por momentos, embestido por innumerables gastos para sufragar las “guerras de religión”.

La familia del pintor pertenecía a una corriente religiosa derivada de la Reforma protestante, así que tuvieron que refugiarse en el norte de los Países Bajos huyendo de la implacable fe de Felipe II, que se consideraba a sí mismo como un enviado de Dios para instaurar la verdadera fe cristiana.

Supongo que es más fácil luchar por la independencia a través de algo tan pasional como la religión, y a la vez matar por controlar territorios escudándote en algo tan fervoroso como la religión; parece que si lo haces por Dios, el asesinato y las masacres están más justificadas.

La cuestión es que el final del siglo XVI y principios del XVII estuvo marcado por una guerra infinita que los neerlandeses libraron contra el Imperio de Felipe II y sus sucesores Felipe III y IV: la Guerra de los 80 años, o cómo fundir el poco oro que te queda. Se sabe que si reprimes con sangre y fuego las revueltas de un territorio que dominas y en el cual eres extranjero, al final acabas mal, sobre todo si los Países Bajos contaban con el apoyo inglés.

La guerra acabó con la firma de la Paz de Westfalia en el año 1648, y como cuando rompes una relación tormentosa o dejas un trabajo precario, renacieron de sus cenizas con un ímpetu inigualable. Evento que nuestro pobre amigo Roelant, incansable artista y bebedor, nunca llegó a conocer.

Sin embargo los años de esplendor de las Provincias Unidas de los Países Bajos no comenzarían con la Paz de Westfalia. Más bien años atrás, cuando Francia e Inglaterra retiraron su apoyo militar a Holanda y Felipe III se veía incapaz de continuar con aquella guerra de desgaste, se firmó un tratado de paz en el 1609 que duraría 12 años. 12 años provechosos para las Provincias Unidas, ya que el tratado les libraba del bloqueo económico y dieron buena cuenta de ello estableciendo colonias comerciales en todo el mundo conocido.

 

The finding of Moses Moyses van Wtenbrouck c. 1625-27

The finding of Moses
Moyses van Wtenbrouck
c. 1625-27

 

Evidentemente este no es el ejemplo más primoroso del arte barroco holandés, pero conjuga de manera básica los pilares de un tipo de pintura que mantenía interés por el detalle en el paisaje, donde destacan al fondo las ruinas de una ciudad; la importancia de la acción y la representación de temas bíblicos. Los temas bíblicos se inserían en la pintura de Historia, considerada como el arte más noble, así que fue un género tratado con prominencia en todo el mundo, excepto: en las Provincias Unidas.

Lo curioso del caso es que con motivo de la Reforma protestante, los temas bíblicos se relegaron en las Provincias Unidas a un segundo plano, eran difíciles de vender y se estaba reinventando una tradición pictórica con un pretendido alejamiento de los cánones e ideario católico. La pintura religiosa no contaba con el apoyo de una jerarquía eclesiástica pero sí con el de unos pocos clientes privados.

La voluptuosa desnudez de las mujeres que encuentran al pobre Moisés surcando las aguas hace pensar que Wtenbrouck respondía a un encargo explícito de un cliente privado que, utilizando el inocente tema, quería decorar sus paredes con pintura erótica, pero disimulando… No fuera que algún pastor religioso al entrar pudiera reprocharle nada, y así poder responder: ¡estas mujeres que casualmente enseñan las tetas salvaron la vida a Moisés! no se les puede reprender nada, padre, mire que curvas tan deseables… 

Y no sería la primera vez, ni la última, que se utilizara el Arte con este fin.

 

Saying Grace Cornelis Pietersz Bega 1663

Saying Grace
Cornelis Pietersz Bega
1663

 

Sin duda a mí el pastor neerlandés me podría reprochar que no haya escogido los Greatest Hits del Siglo de Oro de los Países Bajos…

Junto a la pintura de Historia se desarrolló la pintura de género. En este tipo de pinturas no sólo los protagonistas y los estamentos sociales variaban, también un elenco de actitudes y acciones, desde fiestas depravadas hasta, como vemos, un rezo de gracias a Dios, formaban un conjunto de obras enmarcadas en un género pictórico que, por regla general, tenía una voluntad moralizante.

En este caso el pintor muestra que pese a su pobreza, extraña en un conjunto de provincias cargadas de dinero, los desgraciados dan gracias por los dones del Señor, encontrando consuelo en la oración.

Y digo cargadas de dinero porque no cesaba la hegemonía comercial de las Provincias Unidas. Siete provincias compuestas por ciudades con amplia autonomía, gobiernos poderosos, sometidos a un marco legal dictaminado por los Estados Provinciales. El clima de libertad legal permitía crecer a instituciones y empresas ajenas a un gobierno central o a un monarca; ello sumado a la cercanía con el mar y a la importancia, en la época, de los colonias de ultramar y del océano como principal vía de transporte de mercancías elevaron a las Provincias Unidas hacia la más altas cotas del éxito, siendo en el siglo XVII la principal potencia económica.

Todo viento era favorable para los neerlandeses tras la liberación de las garras del Imperio español, tanto en el terreno económico como cultural, científico y artístico. La población se enriquecía gracias al comercio, y no sólo acomodados burgueses podían permitirse el pago de retratos u otro tipo de obras, también la novedosa clase media accedía al mercado del Arte. Por ello los artistas se especializaron en géneros y subgéneros: paisajes, retratos, exteriores, interiores… Arte para todos los gustos.

Amsterdam se convirtió entonces en el mercado del mundo donde podías encontrar cualquier producto. En cincuenta años se dobló su población, de 100 mil a 200, igual que se doblaban las fortunas de los avispados. A ti te hubiera encantado estar allí. Las lujosas casas, estrechas pero de varios pisos, que vigilaban el acceso de la suculenta mercancía a través de los canales, rebosaban riqueza. El vino y manjares, frutos exóticos, exquisitas especias, porcelana china, madera bien pulida, decoraciones trabajadas, telas de delicada seda y copas de fino vidrio, retratos perfectos, pinturas sublimes, se daban cita en gran parte de las viviendas de Amsterdam.

Probablemente no te hubiera gustado estar en Batavia. Batavia era una ciudad de nueva planta creada por la Compañía de las Indias Orientales tras la destrucción de Jayakarta, actual Yakarta. Núcleo en el cual residían soldados a sueldo y comerciantes aventureros que pretendían hacer algo de riqueza a costa de los habitantes de la isla de Java, los cuales tenían completamente prohibido el acceso a la ciudad neerlandesa ante el temor de posibles insurrecciones. Tampoco te hubiera gustado ser uno de los miles de chinos hacinados en barcos navegando desde Macao a Batavia para trabajar como esclavos o por un mísero sueldo, miles de los cuales sólo un pequeño grupo sobrevivió.

Que agua fiestas soy…

La Compañía de las Indias Orientales fue, junto a la Compañía de las Indias Occidentales, las dos instituciones creadas por los neerlandeses, de las cuales no había precedentes en la Historia. Poderosas corporaciones multinacionales que tenían en las Provincias Unidas el monopolio del comercio internacional y, además, la capacidad de declarar la guerra, negociar tratados, acuñar moneda y crear colonias. Parece que las grandes corporaciones del siglo XXI tengan su espejo en aquellas dos compañías, vulnerando a su antojo la herencia romántica de la Revolución Francesa: un papá Estado férreo que asegure el bienestar de los ciudadanos, y no los esclavice con contratos precarios sin apenas derechos, hipotecas astronómicas absurdas y demás lindeces de nuestra nueva y gloriosa Era.

Ahora que miro de nuevo el último cuadro, quién sabe si el viejo en la oscuridad no sería treinta años atrás un joven acaudalado que decidió invertir sus ingresos en el negocio del tulipán, creando la famosa primera burbuja especulativa de la cual se ha hablado últimamente en relación a la nueva y potente crisis del capitalismo. Quién sabe si no sería un ciudadano cualquiera que invirtió en preferentes o compró una casa a precio ficticio y millonario para que ahora no pudiendo pagar la hipoteca ni las facturas deba exponerse a los claroscuros barrocos de la luz que filtra la ventana, y a pesar de la miseria rezar y confiar y dar gracias. Encima dar gracias.

 

Autorretrato Rembrandt Harmensz van Rijn c. 1628

Autorretrato
Rembrandt Harmensz van Rijn
c. 1628

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