De Hoge Veluwe & Kröller-Müller museum

Con el petate arreao’, domingo a cuestas. Las semanas no son duras, es la escasa cordialidad de la monotonía lo que aturde. Un lunes en otro tiempo no estaría sentado ante el ordenador recitando cuentos. Sería un trabajador, y volvería a casa tarde mientras la tele emite ese run run narcótico de anuncios y vidas de ensueño. Todo sería maravilloso, al menos el futuro sería más claro.

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“Dale al pedal que no llegamos!” La estación espera medio vacía. Gente rara a las 8.30 de un domingo por mi barrio. Una desolación impertinente para tan buen día. El sol brilla aún, no acaba de llegar la lluvia, si es que en algún momento se fue de esta tierra. El sol brilla aún y nos mantiene con vida la albahaca, me deja ver al trasluz las telas de araña. Para ellas es fácil sostener los puntos fuertes sobre los que se desarrollará su vida. El azar determinará los mosquitos que pille. El trabajo ya está hecho.

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Quinientos transbordos y ya en nuestro destino. La Lonely nos engaña, ediciones viejas, autobuses equivocados y precios a mitad del real… Al final el parque nos espera.

De Hoge Veluwe es un parque nacional de 55 km cuadrados, fácil recorrido en bicis gratuitas, blancas, todas con sillitas para bebés. Esas incómodas indirectas del Estado… ¿cómo voy a tener un hijo si no tengo un trabajo normal?, quise escribirlo en mi vehículo, algo me detuvo.

Paraíso de boletaires (coge setas)

Paraíso de boletaires (coge setas)

Como no tiene montañas para mi no es un parque nacional, es una especie de recinto vallado. Pero revisitando las fotografías me di cuenta de que aquellos espacios abiertos, acotados por bosques alternos, acotados por un horizonte inacabable, las luces de aquel día, tintadas de luminosidad aderezada con nubes espesas, únicas en Holanda, con ese gris furibundo como de “te voy a calar entero”, conservaban una secreta belleza en su calma y sosiego. Tensiones entre tanta paz. Al final no llovió.

Leí antes de aterrizar entre los bosques de enebros una hermosa historia: Anton se encerró en la mansión de St. Hubertus Hunting Lodge (sí, tiene nombre de discoteca playera cool) tras la muerte de Hellen. Dos años pasó en la casita, completamente solo, hasta su muerte, producida un mes después de que quemara todos sus documentos…

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Anton y Hellen se casaron. Un año después el padre de Anton le cedió el puesto de director general de la empresa, corría el 1890, el mundo era hermoso. La empresita modesta se dedicaba al transporte marítimo de minerales. El padre de Hellen también tenía cierto capital. Habían sabido aprovechar las bondades de la segunda Revolución Industrial, así como aprovecharon las maldades de la I Guerra Mundial.

Es sabido que algunos acaudalados holandeses utilizaron su dinero e influencia para vender armas a ambos bandos de la contienda.

Mientras en el frente madres perdían a hijos, Anton asesinaba ciervos y ratas en su terrenito de 55 km cuadrados. Hablamos de De Hoge Veluwe. La pareja de oro vivía en la mansión St Hubertus. Rodeados de lujo, rodeados de obras de arte firmadas por los principales artistas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Hellen, amante del Arte, coleccionista ávida, agrupó en su seno la segunda colección más grande de Van Gogh.

Weefgetouw met wever Vincent Van Gogh Abril-Mayo 1884

Detalle de “Weefgetouw met wever”
Vincent Van Gogh
Abril-Mayo 1884

Todo era hermoso mientras duró la guerra. Cuando llegó a su fin, la pareja se arruinó, y los beneficios se diluyeron entre deudas e impagos.

Hábil en los negocios, consciente de lo importante que era aquel terreno donde cazaba, y sobre todo, lo valiosa que era la colección de arte, Anton convenció al gobierno holandés de que les dejaran vivir en la mansión a cambio de donar el parque y todas las obras a una fundación.

Homme et femme Eugène Dodeigne 1963

Homme et femme
Eugène Dodeigne
1963

Anton Kröller y Hellen Müller: Kröller-Müller Museum. Pertinente colección, el gobierno tenía razones para preocuparse por ella, temerosos de que otros coleccionistas la dispersaran por el mundo. Al final la retuvieron en Arnhem y abrieron el museo. Famoso por tener esculturas, la mayor parte del siglo XX, dispersas por jardines al aire libre. Libre como recorrerlos con la calma del domingo.

Detalle de "Soissons vu de la fabrique de M. Henry" Jean Baptiste Camille Corot 1833 (adquirido en 1912)

Detalle de “Soissons vu de la fabrique de M. Henry”
Jean Baptiste Camille Corot
1833 (adquirido en 1912)

Quizás os interese saber que Chloé vio un ciervo. Yo miraba a través de los altos matorrales pero se resistía a mi vista. Preso de la curiosidad salí corriendo… se fue por otro lado.

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No sabía si acabar el post con una fotografía de reflejos acuáticos de vida salvaje o de esculturas dispersas por el jardín, así que colgaré ambas, para que las disfrutéis.

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Enfrentad lo divino a lo humano:

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