Stedelijk: aventuras acabadas

Con la ambición de sentirme útil socialmente redacté en este blog algún que otro post cultural, un poco para rellenar el vacío. Hace unas semanas, antes de pasar seis días en Alicante, visité el museo de arte contemporáneo de Amsterdam: Stedelijk. 

La idea era buena. Una mañana increíblemente soleada. Esperanzas de que el frío bajo cero se marchara para siempre, y con él el viento gélido de las estepas rusas de nuestro querido Putin. Así podría redactar una entrada sobre el museo que, seguro, sería popular por sus siempre controvertidas obras, los blancos sobre blancos las rayas de colorines… en el post explicaría unas cuantas obras y luego daría mi opinión valiosa sobre “el siempre controvertido arte contemporáneo”.

Pero craso error: al poco tiempo me marché a Alicante, el calor iluminó mi rostro, recorrí montañas entre paisajes nublados por los que el sol se filtraba con potencia robusta, comí paella y miré al mar, disfruté de la calidez de la familia y los amigos. Entonces cuando me senté a redactar la nueva entrada me di cuenta de que a nadie le importaba mi opinión sobre arte contemporáneo, ni siquiera a mi. Quizás a mi madre, por una mera relación de azar materno-filial, pero para de contar. En tan sólo dos horas y media de avión el cielo azul se volvió negro y lluvioso, una lluvia gélida y cortante que nos empapó hasta el tuétano. En ese momento sentí que la aventura Amsterdamesa había acabado, con una simpleza abominable, sin tragedias. Se acabó remar río abajo por un mundo nuevo, ahora toca luchar contracorriente y estoy muy poco acostumbrado, pero…

El arte contemporáneo merece un silencio respetuoso, un poco como nuestro presente, el de cada uno de nosotros, amantes vividores lectores, ya analizaremos opinaremos sentaremos cátedra en nuestra vejez si seguimos vivos, sin importarnos un bledo a quién le importa o le deja de importar. Hablaremos tal vez solos recordando lo que nuestra mente haya querido, y entonces, bajo ese filtro inapelable de la memoria reconoceremos lo auténticamente artístico y valioso, sin dejar de lado las penas y frustraciones, ni las alegres emociones (permitid la rima tonta).

Table au tiroir (mesa con cajón) Jean Dubuffet 1956

Table au tiroir (mesa con cajón)
Jean Dubuffet
1956

Vista desde el sector de escalada Tocayo, en Busot

Vista desde el sector de escalada Tocayo, en Busot

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